(Dark Remains. USA, 2005) Director: Brian Avenet-Bradley. Productor: Laurence Avenet-Bradley. Productor Ejecutivo: Mark Lee Fletcher. Guión: Brian Avenet-Bradley. Música: Benedikt Brydern. Fotografía: Laurence Avenet-Bradley. Montaje: Brian Avenet-Bradley. Reparto: Cheri Christian, Greg Thompson, Scott Hodges, Jeff Evans, Rachel Jordan, Michelle Kegley, Patrick G. Keenan, Rachael Rollings, Jason Turner. Duración: 88 minutos.

En este paupérrimo dvd sin extras ni subtítulos puse mis esperanzas hace unas cuantas noches para pasar tanto miedo como me habían prometido. ¿Sería verdad lo que ponía en la carátula? ¿Se merecería realmente esos premios? ¿Acojonaría tanto como decían los que me pasaron el disco? Antes de verla, ya que estaba metido en internet, decidí curiosear para comprobar qué se comentaba de la peli por ahí. Y ahí empezó el verdadero acojone, ya que de debajo de las losas pixeladas salían opiniones negativas sobre un film de cuya buena reputación renegaba un buen tanto por ciento de los que la comentaban en foros, blogs y demás. Estaba claro que alguien estaba equivocado, y finalmente decidí averiguar cuanto antes y por mí mismo a cuál de los dos bandos me uniría, si al de los que de verdad pasaron miedo con la peli o a los que ponían en duda la credibilidad de esos premios que tan orgullosamente luce la carátula. Como siempre pasa en estos casos, uno, que se siente bueno por naturaleza, hace todo lo que puede por valorar lo que tiene entre manos, más cuando se lo ha ofrecido gente a la que estima. Pero puede ocurrir que la película ponga todo su empeño en que seas malo con ella. Dark Remains es uno de esos casos.

Para empezar, la calidad de imagen es la de un telefilm cualquiera o un videoestreno de tres al cuarto, cosa que a veces puede tener su gracia si ayuda a crear cierto aspecto visual malsano (aunque nada como el viejo 16mm hinchado), pero que invita al bostezo cuando detrás de su elección no hay más que motivos de precariedad y lo que se nos cuenta no es lo suficientemente interesante como para perdonarle esa deficiencia. Y precisamente uno de los mayores problemas de esta película es que no cuenta prácticamente nada. Veamos: vemos una introducción con un par de suicidios, bien, y luego nos llevan a la casa de un matrimonio supuestamente feliz que vive con su hija aparentemente perfecta. Todo bien hasta que el padre olvida cerrar la puerta de la casa y la niña aparece asesinada (¡cáspita!). La pareja, él escritor de temas técnicos (!) y ella fotógrafa (ya sabéis que en las pelis de miedo mola que los protas sean artistas porque así están más receptivos a lo que les rodea, a lo que no se ve a simple vista, etc., como bien sabía Dario Argento), decide mudarse a una casa en el campo para relajarse y olvidar las penas. Pero esa será tarea imposible cuando comiencen a aparecer fantasmas (incluido el de la niña) y salgan a la luz los oscuros secretos de la propiedad que han elegido para hallar la paz (en efecto, los suicidios que vimos en el prólogo de la cinta sucedieron en este lugar). ¿Habrá alguna relación entre lo ocurrido en la casa de campo y el asesinato de su hija? ¿Son los fantasmas únicamente producto de la imaginación de los cada vez más perturbados protagonistas? ¿Quién sabe? Si alguien me sabe relacionar con un mínimo de coherencia lo que ocurre en los 10 primeros minutos con lo que pasa en los 10 últimos de la cinta, por favor, que me deje un comentario y me lo explique. Lo mismo es que yo soy demasiado torpe. O que cuando llegó el final estaba tan aburrido que mi capacidad de atención se había ido al carajo.

Y el caso es que durante el primero y parte del segundo acto uno se lo pasa bien y sufre tres o cuatro sustos de esos que se celebran con una carcajada liberadora, nerviosa, y que te mantiene con ganas de ver cine de horror durante tres o cuatro días más. Pero no es suficiente. De hecho, irónicamente, lo que es una virtud que echamos de menos en tantísimas cintas de terror (que nos hagan saltar del sillón o, como mínimo, que nos peguen ese golpetazo en el interior del tórax tan característico de los buenos sobresaltos) aquí se convierte, por exceso, en un elemento anestésico que logra que el espectador esté totalmente curado de espanto (del que puede ofrecer la peli, obviamente) cuando lleva vistos unos 40 minutos de metraje. Pero va más allá: no es solo que te acostumbres a la ración de sustos gratuitos más generosa que recuerdo en los últimos meses, sino que llega un punto en el que los mismos invitan al cachondeo. Mientras que algunos momentos inquietan por la mezcla perfecta de imagen perturbadora acompañada del estridente efecto sonoro de turno, otros no son más que molestos instantes quiero-dar-miedo-y-no-puedo en los que se ve venir a lo lejos el momento exacto en el que el director va a intentar acojonarnos. Puertas que se abren solas, apariciones espectrales en fotografías y, sobre todo, el viejo truco que se convierte en seña de identidad de la película y en motivo de rubor por parte del que la ve: la cantidad de veces que los fantasmas aparecen detrás de los protagonistas sin que ellos se den cuenta.

Se ve que de imaginación no anda sobrado el director, guionista y montador del invento, y esto es un hecho palpable en otros aspectos de la cinta además de en los rudimentarios (o rupestres, como diría Tones) mecanismos con los que se nos pretende aterrorizar: perdí la cuenta de las veces en las que se nos muestra un plano detalle de un vaso siendo llenado o, en su defecto, de un grifo por el que corre agua. No sé si será una obsesión personal del autor, un rasgo estilístico o qué, pero aburre a las ovejas.
En fin, como tampoco hay mucho más que rascar, lo dejo aquí. A ver si por fin encuentro una cinta de terror que me guste... sin tener que recurrir a los clásicos. Seguiré intentándolo.

La imagen no es de 'Evil Dead', aunque lo parezca.




Target
: Parejas con ganas de apretujarse gracias a los sustos.
Lo mejor: La escena del amigo afroamericano del prota.
Lo peor: Que acaba pareciendo la versión ZAZ de las pelis de terror orientales... pero sin gracia.
Valoración: 3'5 / 10



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