(The Howling. USA, 1981) Director: Joe Dante. Productores: Jack Conrad, Michael Finnell. Productores Ejecutivos: Daniel H. Blatt, Steven A. Lane. Productor Asociado: Rob Bottin. Guión: John Sayles & Terence H. Winkles, según una novela de Gary Brandner. Música: Pino Donaggio. Fotografía: John Hora. Montaje: Joe Dante, Mark Goldblatt. Reparto: Dee Wallace-Stone, Patrick MacNee, Dennis Dugan, Christopher Stone, Belinda Balaski, Slim Pickens, John Carradine, Elisabeth Brooks, Robert Picardo, Dick Miller. Duración: 91 minutos.

Escribir a estas alturas sobre un clásico moderno del que se ha hablado tanto y que, con casi toda seguridad, ya conocen muchos de los lectores potenciales de este blog, puede parecer redundante, poco original, un recurso fácil para cuando no hay nada más exótico de lo que hablar. Pero si en su momento no pude evitar hablar de la primera entrega de Viernes 13 o La Niebla después de un nuevos visionados en DVD, no voy a hacerle ahora el feo a una película que me impresionó la primera vez y que años después sigue pareciéndome uno de los ejemplos más perdurables y agradecidos del terror ochentero. De cualquier manera, teniendo en cuenta que se encuentra en los videoclubes una cinta con el mismo título (en castellano, únicamente), y que hay mucho despistado y/o profano por ahí, tampoco está de más aclararles que esta Aullidos nada tiene que ver con la de los perros rabiosos que le quieren morder el culo a la Michelle Rodríguez (¿y quién no?).
El amigo Chimo Bayo nos explica cuál es la buena y cuál la mala.

Hace tiempo discutía con un amigo sobre el valor de Joe Dante como director y creador de historias. Me decía que él lo veía un director impersonal y mediocre, sin estilo propio y sólo salvable como responsable de entretenimientos pasables. Yo le decía que Dante es alguien con un universo muy definido y con una mirada tremendamente evocadora que me convertía todo su universo fílmico en un grandioso (al mismo tiempo que modesto) homenaje a otros tiempos en los que el cine aún transpiraba una sensibilidad inocente e irresistible, en los que la ciencia-ficción era más fantasía que teorías sobre futuros distópicos, y que, yendo a lo superficial, aunque sólo fuera por la presencia de tres figuras como Kevin McCarthy, Dick Miller y Robert Picardo presentes insistentemente en sus repartos, metidos en fregados que ocurren en lugares en principio idílicos en los que - casi siempre - irrumpe algún tipo de mal que ataca en grupo, ya debería uno saber que está ante un film de Dante. Pero da igual, perdí el tiempo. Nos tendría que bastar con citar algunos de los títulos más conocidos de Dante para que cualquiera se diera cuenta de que es todo un autor: Piraña, Aullidos, Exploradores, Gremlins (1 y 2), El chip prodigioso, No matarás al vecino, Matinee o Pequeños Guerreros. Cintas que para algunos serán meros caramelos de fugaz sabor pero que para otros, como el que esto suscribe, constituyen unos pilares esenciales en su alimentación cinéfaga y son buenos ejemplos de por qué nos gusta el cine (o, como mínimo, de por qué nos empezó a gustar y decidimos profundizar en él, cada uno en la dirección que ha querido seguir).

"¿Me vas a decir que Matinee es una mierda...? Grrrrrrrrrggrrgrgrrgrrrr"

Tercer párrafo y todavía no he empezado a hablar de la película en cuestión. Vayamos al grano. Aullidos es, qué duda cabe, una de las mejores cintas de hombres lobo que podáis ver, a menudo comparada negativamente con su coetánea y excelsa Un hombre lobo americano en Londres, por aquello de estrenarse casi al mismo tiempo, y por la disputa que ambas mantuvieron en la gala de 1982 de los Oscar: la peli de Landis fue la que se quedó con el premio a los mejores efectos de maquillaje, obra de Rick Baker, quien curiosamente había comenzado a trabajar en Aullidos pero debido a problemas económicos (hubo un momento en el que pareció que la película se quedaría en la preproducción) se comprometió con John Landis, dejándole la ejecución final de los efectos que necesitaba Dante a un por entonces veinteañero Rob Bottin. Con la mano en el corazón, no sabría con cuál de las dos transformaciones quedarme, si con la lupina de Baker o con la más antropomórfica de Bottin. Ambas son auténticas maravillas y perfectos exponentes de lo mucho que se podía lograr con efectos prácticos antes de la generalización de la infografía en el cine... y es que soy de los que prefiere notar que lo que está viendo es un muñeco animado in situ que un puñado de fríos píxeles que no se pueden tocar.
Pero Aullidos es algo más que sus tremendos efectos especiales. Jugando al despiste, Dante nos introduce en una historia que podría ser la de cualquier psycho-thriller al uso (por cierto, si podéis, recuperad la película Eyes of Laura Mars, dirigida en 1978 por Irvin Kershner y guionizada por Carpenter): la periodista Karen White (Dee Wallace, musa del género que lo mismo se las veía con E.T. que con los Critters) hace de cebo para atrapar a un psicópata que responde al nombre de Eddie (Picardo con melena, algo inaudito) y tiene afición a los peep-shows. Su reunión en un sex-shop se salda con el aparente asesinato de Eddie a manos de la policía y con un trauma evidente en la reportera, quien sabe que ha visto algo extraño dentro de la cabina que su mente es incapaz de desbloquear (un elemento digno de Argento). Un psicólogo, el Dr. George Waggner (Patrick Macnee), le recomienda a White y a su novio (Christopher Stone, fallecido en 1995, pareja de Wallace también en Cujo y en la vida real) que se muden a una colonia situada en medio de la naturaleza para relajarse y superar el trance. Así transcurren los primeros minutos sin que uno sepa muy bien qué está viendo y prácticamente sin ninguna mención a la licantropía. Pero poco a poco Dante va introduciendo en la historia pequeños detalles que nos avanzan lo que sucederá después, desde el nombre de algunos personajes (tomados de directores que alguna vez hicieron películas con hombres lobo de protagonistas) a pequeños insertos de antiguos largometrajes o dibujos animados que sirven para explicar a los protagonistas (y al espectador) lo que está pasando. Algo que llega a su culminación con el personaje interpretado por Dick Miller, dueño de una tienda especializada en productos esotéricos (por decirlo así) en la que tienen cabida hasta las balas de plata. Efectivamente, la colonia no es otra cosa que una comunidad de hombres y mujeres lobo (ojito a la también tristemente desaparecida ya Elisabeth Brooks, en un fogoso papel que le lleva a protagonizar un antológico polvo salvaje con Stone) que se debaten entre alimentarse de carne humana conseguida de manera furtiva o seguir criando ganado para su supervivencia.
Los hombres lobo de Dante no son entonces seres huidizos que sufren psicológicamente por su condición de rarezas, de híbridos, sino más bien una microsociedad consciente de su superioridad y que tienen, para colmo, la capacidad para regenerarse y para transmutar a su antojo: se acabó lo de esperar a la luna llena para poder sacar las zarpas, aquí tenemos transformaciones voluntarias a plena luz del día. Por otro lado, y este es un detalle que destacan en el estupendo documental que acompaña a la película en su edición especial en DVD, los protagonistas han visto otras historias de hombres lobo y saben a qué se enfrentan, por mucho que algunos de los tópicos presentados en aquellas queden obsoletos. Así, se da en el espectador un motivo para conectar rápidamente con los personajes de la cinta ya que ambos se encuentran en el mismo universo. No tenemos aquí entonces esa, en ocasiones, molesta sensación de que lo que ocurre en pantalla está situado en una realidad paralela en la que los protagonistas parece que no hayan visto jamás una película de terror, donde actúan como si fuera la primera vez que les hablan del tema ("¿Un hombre lobo? ¿Qué es un hombre lobo?") y tienen que perder el tiempo en averiguar cómo enfrentarse a ello. En Aullidos, los personajes saben perfectamente qué son los licántropos, qué leyendas circulan alrededor de ellos y cómo presentarles resistencia. Todo esto, en teoría, tendría que que contribuir a que el argumento fluyera a pasos agigantados, pero si hay un defecto reseñable en esta cinta es que tarda demasiado en entrar en materia y eso puede descolocar al espectador no prevenido. Pero, dejando esto a un lado, Aullidos es una agradable pequeña película imprescindible para los amantes del terror, con cameos de John Sayles o Roger Corman, atmosférica música de Pino Donaggio acorde con la onírica fotografía de John Hora (habitual de Dante y responsable de las también nebulosas imágenes de esa Moonwalker que tendría que comentar de una vez) y un final en el que se mezclan stop-motion, planos de fuego al estilo Corman y un chiste final que corona unos títulos de crédito bastante peculiares. En cuanto a las secuelas... supongo que algún día tendré que ver alguna de ellas. Hay donde elegir.
Target: Cualquiera al que le guste el cine de miedo.
Lo mejor: La atmósfera de pesadilla constante. Los efectos especiales.
Lo peor: Tarda en arrancar.
Valoración: 8'5 / 10

Dante habla de este cartel en el DVD. Obviamente no le gusta.