(Dead Meat. Irlanda, 2004) Director: Conor McMahon. Productores: Michael Griffin, Edward King. Productor Ejecutivo: Brendan McCarthy. Guión: Conor McMahon. Música: John Gillooley. Fotografía: Sonja Rom. Montaje: Conor McMahon. Reparto: Marián Araújo, David Mullyaert, Eoin Whelan, David Ryan, Amy Redmond. Duración: 78 minutos.


A estas alturas, ¿cómo aportar algo de escasa originalidad a un subgénero tan trillado como el de las invasiones zombigráficas? Carne Muerta, cinta filmada en formato digital y con el presupuesto que gastarían en Pearl Harbor para pagar los servicios del peluquero particular de Ben Affleck (aunque lo mismo me estoy pasando, porque no me extrañaría que estos costes fueran más altos...), se esfuerza por añadir algo de peculiaridad mediante un recurso que es, reconozcámoslo, su auténtico hecho distintivo y el motivo por el que se ha ganado las simpatías del fandom más desprejuiciado: el ataque de una vacalocazombi a un todoterreno que viene a ser, como bien apreció mi partner-in-crime Jesús Mesas en su difunto Club de los Maníacos Deprimentes, un remedo campestre y casposo del embiste del T-Rex al coche de Sam Neil y compañía en el primer Jurassic Park. No es ya por la escena en sí, rodada con nocturnidad y falta de recursos, seguramente con algún amiguete del director sosteniendo el busto de una vaca de escayola y chocándola contra la ventanilla del vehículo, sino por el concepto en sí mismo: una plaga zombi desencadenada por un ganadero que malcuidaba a sus reses y difunde con sus carnes una infección imparable y pútrida. El que una de esas vacas se convierta en un furioso depredador es sólo la punta de un iceberg que imaginamos lleno de rumiantes frenéticas lanzándose hambrientas contra cientos de irlandeses que no saben dónde esconderse.
Los protas de la peli. Gente guapa, elegante, con estilo.

Pero ya está. El resto sólo puede defenderse en casos de fanatismo splapstick y caspa extrema (lo cual no juzgo negativamente, ojo) o en momentos de bajón en los que las reservas goremaníacas andan en niveles paupérrimos y acogen con alegría cualquier peliculita profusa en decapitaciones a base de palazos y evisceraciones gráficas. Durante esos instantes, ver cómo el ojo de uno de los zombies es absorbido por una aspiradora es toda una celebración (más si compartes el visionado con más enfermos zombífagos) proclive a ser jaleada por aplausos y carcajadas de aprobación cómplice. Pero también están otros momentos en los que hasta un servidor (aunque parezca mentira) se cansa de tanto cutrerío y la sensación de tedio se apodera de él mientras mira agónicamente la pantalla y piensa "esto ya lo he visto antes... y mejor hecho". Que sí, que tenéis razón, que todo está inventado ya... Pero apuesto mi colección de fotos eróticas de Shu Qi a que preferiría ver de nuevo (y van...) la básica Mal Gusto de Peter Jackson (a quien cada vez admiro un poquito menos a medida que va siendo fagocitado por Hollywood) antes que invertir otra hora y cuarto presenciando los planos desgarbados, improvisados, frenéticos y feístas de esta cinta irlandesa.

Lesley Gore cantando: "It's my party and I cry if I want to... cry if I want to... cryyyy if I want toooo... You would cry too, if it happened to youuuu."

Ya sabemos todos que la medida en la que defiendes una película mala es proporcional al grado de simpatía que te ha provocado. Pues bien, no es difícil de imaginar que Carne Muerta no ha sido el largometraje con el que mejor migas he hecho últimamente. Además, más que a Mal Gusto (en la que, a pesar de la falta de medios, había momentos de un poderío visual impactante), me llevó a uno de los momentos más soporíferos que he tenido que soportar en mi vida de rastreador de basura cinematográfica: la madrugada que puse el despertador para que sonara en mitad de la noche y pudiera ver Redneck Zombies en las, por entonces, sorpresivas noches de cine de Antena 3. Tanto asco me fue algo difícil de soportar y tuve que terminar de verla al día siguiente, una vez ya grabada en vídeo. Y no es que me diera asco sólo por su contenido gore (que lo tenía, y en cantidades ingentes), no... era más bien su apariencia de vídeo casero, sus actores cazurros y sus efectos de baratillo lo que me revolvía el estómago. Algo similar a lo que me ha ocurrido con Carne Muerta, con ese reparto de gañanes (la prota es española, por cierto) y esa apariencia desastrosa, si bien mi repulsión hacia ella es ciertamente menor a la que siento por aquella basura ochentera de Pericles Lewnes (y espero que con esto os quede claro una cosa: sí, me gusta la serie b, incluso la serie z, pero eso no quiere decir que vaya a defender cualquier mierda por las buenas). Si el ya citado Mesas está leyendo esto es probable que esté pensando que me he vuelto loco (o que he recuperado la cordura, dicho de otro modo), que me he acomodado o que he perdido el gusto por el infracine. Para nada. Que nadie se alarme. Me gusta que alguien se haya tomado la molestia de concretar el esfuerzo de reunir a un montón de gente y ponerse a filmar una peli de zombis con un buen ritmo y bastante acción. Lo respeto. Hasta me entran ganas de coger la mini-dv de mi hermano y salir al campo con unos amigos y unos cuantos botes de sirope de fresa para hacer un corto en plan destroyer. Eso es lo que piensa el cineasta soñador que llevo dentro. Pero la parte crítica de mi cerebro me dice que lo más que puedo aprender de películas como Carne Muerta es que hay cosas que jamás debería hacer si algún día reúno una cantidad de dinero suficiente como para hacer un producto audiovisual medio decente (pero lleno de indecencia, seguramente). Así que por un lado me ha resultado útil, pero por otro, como espectador, no es una experiencia que recomendaría con entusiasmo... Y eso que esperaba encontrarme un caramelito como la tronchante y a ratos sorprendente Undead. Pero nada más lejos... Como bien dice mi amigo el Maestro Panzetero, "cuando uno coge una cámara llega el momento en el que se cree Sam Raimi". Pero, me vais a permitir el perogrullo, no es fácil ser Sam Raimi, amigos...
Target: Goremaníacos desesperados y ganaderos con malas intenciones.
Lo mejor: El punto de partida. La falta de complejos. La aspiradora y el ojo.
Lo peor: Es una película fea en todos los sentidos. El reparto (salvo el héroe) resulta insoportable. El resultado no deja de ser del montón.
Valoración: 3'5 / 10