Renny Harlin sigue ganándose a pulso la reputación de director caído en desgracia con su nueva película, un flojo divertimento con adolescentes brujos que hay que ver con el piloto automático para no sacarle muchas pegas. Muy del montón, poco espectacular, pero al fin y al cabo pasablemente entretenida, como un mal espisodio de la (en ocasiones) estimulante serie Buffy cazavampiros. En la reseña quedáis lo suficientemente avisados de lo que os podéis encontrar.