Kung Fu Kids

(The Kung Fu Kids / Hou sin zi. Taiwan/Hong Kong, 1986 ) Director: Chang Mei Jun, Chu Yen Ping. Productor: Hsu Feng. Reparto: Chen Shun Yun, Yen Chin Kwok, Cho Ha Foo, Chen Wei Lau, Tam Ai Chen. Duración: 84 minutos.
Ya era hora de ponerme de nuevo a reseñar películas en Natural High y qué mejor que recuperar la tradición con las reseñas que anuncié hace meses en un post dedicado a las películas de niños peleones, con un artículo dedicado a la película que (al menos para mí) lo empezó todo en cuanto este subgénero se refiere: la primera entrega de la serie Kung Fu Kids.

Se trata de una de las películas que más veces vi de pequeño y que siempre he deseado rescatar. Ahora la tengo en DVD, gracias a que me la ha conseguido Webmovies a través de un master original en vhs en muy buen estado, con lo cual, después de muchos años de haberle perdido la pista a esta cinta, por fin he podido verla de nuevo.
Nada más empezar, durante unos títulos de crédito en los que vemos a los pequeños luchadores haciendo diversas exhibiciones, entrenando e incluso grabando una canción en un estudio de música (mientras no sueltan los nunchakus), ya nos queda muy claro el estilo que va a tener la cinta: peleas moderadamente espectaculares en las que los niños son capaces de derrotar a decenas de tipos bastante mayores que ellos y mucho más peligrosos (en apariencia), salpicadas por un humor blanco que se apoya no pocas veces en la escatología más infantil del caca-culo-pedo-pis para que nos parezca menos violento el hecho de ver a unos niños repartiendo justicia a base de patadas y recibiendo golpes al mismo tiempo, casi sin contemplaciones. Si uno no es capaz de aceptar estas reglas desde el principio, mejor que no siga viendo la peli.

Conozcamos a los protas:

El mayor de los tres hermanos. Se nos presenta al principio de la película buscando comida con la que huir de su hogar en las montañas sin morir de hambre en el intento. Pero el listo de su abuelo le encuentra y le pega unos cates, quitándole las ganas de fugarse. Ah-kuo (y escribo los nombres según creo que se escriben, porque no he localizado ningún sitio donde pueda comprobarlo) es el más impulsivo del trío de hermanos y, al ser el mayor, siente la necesidad de estar siempre un paso por encima de ellos, alardeando de ser el más maduro cuando en realidad no es más que un pequeño bocazas que se suele meter en líos por hacerse el listo. Mi favorito cuando era pequeño, quizá porque de mis hermanos y primos yo también era el mayor.

Siempre en un segundo plano respecto a la verborrea de su hermano mayor y a los chistes del menor, Shiao (o Chiao, no estoy muy seguro) se mantiene en silencio y sin llamar mucho la atención hasta que llega el momento de pelear. Entonces se muestra el más hábil del trío, el que tiene el estilo de lucha más acrobático y temerario, casi sin nada que envidiar a las labores de los especialistas mayores que él. Según se desarrolló luego la saga, con cada parte quedaba más claro que Cho era el más dotado de los tres para las artes marciales. De hecho, he leído que cuando creció se hizo director de escenas de acción.

El "gracioso" del trío (ya el nombre que le tienen puesto lo dice todo...), basando sus chistes en lo que se supone que tiene que hacer un niño gordito: tirarse pedos cada dos por tres y apestar a los que le rodean. Evidentemente doblado en muchos planos, es el más torpe de los tres a la hora de pelear, pero un buen barrigazo, cabezazo o mordisco a tiempo pueden venir muy bien en el transcurso de un combate. La primera vez que lo vemos está rodando colina abajo con verduras en los brazos, lo cual nos lleva a dos de las cosas que más me han llamado la atención al volver a ver la cinta: la obsesión por la comida y restaurantes que recorre todo el metraje, y la sensación de que estos chicos no andan, sino que se desplazan dando saltos y/o volteretas de todo tipo, como si les quemara el contacto permanente con el suelo.

Todo un cabronazo, y perdonen la expresión. Su mujer le abandonó para irse a vivir a la ciudad y le dejó tirado con sus tres nietos (más tarde descubrimos que también tienen una hermana), a los que explota sin miramientos a cambio de enseñarles kung fu. Les hace cocinar, limpiar, entrenar duramente y aprender la doctrina de Confucio, al mismo tiempo que les introduce pensamientos machistas (todas las mujeres son diablos, según él) y homófobos. Una joya de hombre, vaya. En el fondo tiene buen corazón, pero su mal genio hace que los niños escapen a la ciudad en busca de su abuela cuando se dejan escapar a Sayun, un pájaro al que el viejo tiene más cariño (aparentemente) que a sus nietos, temerosos de que el gañán les mate.

Y así, cagando leches, los niños dejan tirado a su abuelo y se van corriendo a Taipei, iniciando una serie de aventuras que nos hacen recordar a Paco Martínez Soria en La ciudad no es para mí. Por ejemplo, piensan que la gente está dominada por un demonio de tres ojos de colores a cuyas órdenes todos obedecen sin rechistar (se ve que su abuelo no les explicó lo que era un semáforo). O que los ascensores son puertas hacia un lugar extraño donde te cambian de sexo (al ver cómo Gordi "cae" dentro de uno de ellos y, al abrirse las puertas de nuevo, aparece una niña). O que en los servicios de un centro comercial esconden a prisioneros que deben ser rescatados. Pero, sobre todo, los niños se mueven por el hambre, y así acuden a un McDonalds en el que no pueden comer porque el dinero que llevan encima está fuera de la circulación. Acostumbrados a tener que pelear para comer (y además de manera literal, porque el abuelo aprovechaba la sesión de sobremesa para que se ganaran el arroz después de demostrarles que eran dignos de recibirlo) no se les ocurre otra cosa que entrar en un local que creen ilegal, ponerse de comida hasta las cejas, y meterse en una pelea cuando les obligan a pagar. Angelitos...





Y así, durante el transcurso de esa pelea, en la que Gordi utiliza un chorizo como nunchaku para comérselo después, un tipo con pintas raras e intenciones sospechosas se decide a pagar el destrozo que han provocado los chicos. En realidad, lo que quiere hacer es utilizarles como tapadera para una pequeña operación de narcotráfico (ambientada, de nuevo, en otro restaurante), puesto que nadie sospecharía que unos pequeños formasen parte de un plan así (ellos al principio ni se enteran, pero luego se ven envueltos en otra pelea aún de mayores dimensiones al no cumplir correctamente con su encargo).



Las cosas se ponen feas, muy feas. Tanto que parece que, por primera vez en la peli, los niños van a pasar verdaderos apuros. Pero como estamos en una cinta destinada a toda la familia, justo cuando pensamos que los niños van a acabar en la calle muertos de hambre (¿alguien lo pensó... de verdad?) o siendo esclavizados y prostituídos por una banda de traficantes, aparecen Sayun (el pájaro) y la abuela y todo se arregla como por arte de magia (por golpe de guionista, vaya...).

¿Y ya está? ¿Se acaba aquí entonces la función? No, amig@s, todavía queda lo mejor. Los niños se encuentran de golpe con un chollo: la abuela les viste bien, les compra regalos, no tienen que entrenar ni que estudiar, les aparece una hermana (un poco pija ella) con la que jugar y, aparentemente, se han acabado los peligros. Pero como en toda buena película de artes marciales, aún nos queda la traca final: esa sucesión de peleas climáticas que nos hacen sudar adrenalina y que hacían que pasáramos la cinta una y otra vez hasta rallarla (al menos en mi caso, que tenía la cinta original tan repasada que la función de tracking del vídeo echaba humo cada vez que la veía). ¿El motivo de la revancha final?: El secuestro de esa hermana sorpresa por parte de los mafiosos a los que se la jugaron los protas unos minutos antes.

Ambientada en un dojo tradicional japonés (aunque estemos en Taipei), los Kung Fu Kids se enfrentan primero a un grupo de karatekas que les duran lo mismo que una gota de aceite en el hocico de un galgo; luego a un tipo de color con katana para el que tienen que tirar de nunchaku; seguidos de unos luchadores de kendo (sí, como los que salían en la almodovariana "¿Qué he hecho yo para merecer esto?"); y, finalmente, una veintena de gimnastas dopados hasta las cejas. Total, unos quince minutos de pura energía en los que, durante unos segundos, casi eres capaz de entender que tres niños muy bien entrenados son capaces de vencer a adultos armados (ejem).





Y esto es lo que hay, amigos. La familia unida vence, aparece de nuevo el abuelo, todos se reconcilian y nosotros esperamos a la segunda parte, que comentaré pronto en el blog.
Kung Fu Kids no engaña a nadie: lo que os he expuesto aquí es lo que hay. Es muy entretenida, tiene chistes con los que más o menos te puedes reír, los niños son carismáticos y las peleas bastante vistosas. Y, lo más importante: uno no tiene la sensación de haber perdido el tiempo empleando menos de 90 minutos en rescatar esta cinta. Las hay mejores, pero cuando hayáis repasado las filmografías de los grandes del kung fu, os resultará agradable comprobar el concepto que de cine infantil tenían en Hong Kong, mientras aquí sufríamos a Parchís, Regaliz y similares...

Lo mejor: La suerte de poder verla de nuevo. Y lo agradable que resulta el reencuentro.
Lo peor: Que no esté editada "oficialmente" en DVD.
Nota: 6/10














muaddib dijo
He visto alguna de los Kung Fu Kids cuando niño. Ya ni me acordaba ...
¿Rescatando del olvido esas peliculas, Pedro? ;-)
5 Junio 2006 | 11:12 AM