(Dog Soldiers. Reino Unido/Luxemburgo, 2002) Director: Neil Marshall. Productores: David E. Allen, Christopher Figg, Tom Reeve. Productores ejecutivos: Vic Bateman, Harmon Kaslow, Romain Schroeder. Guión: Neil Marshall. Música: Mark Thomas. Fotografía: Sam McCurdy. Montaje: Neil Marshall. Reparto: Sean Pertwee, Kevin McKidd, Emma Cleasby, Liam Cunningham, Thomas Lockyer, Darren Morfitt, Chris Robson, Leslie Simpson, Tina Landini. Duración: 101 minutos.

En los comienzos de este blog hablé de la película The Descent, segunda cinta del director británico Neil Marshall, y en los comentarios salió a relucir su ópera prima, Dog Soldiers. Como por entonces aún no la había visto no podía opinar sobre ella, pero dije claramente "todo se andará...".
Pues bien, el momento ha llegado y acabo de ver Dog Soldiers por primera vez.
También dije en su momento que The Descent, en comparación con las expectativas que me había creado (a tenor de lo que había leído previamente), me produjo cierta desilusión. Desilusión que algunos de los que participasteis con vuestros comentarios también aplicabais a Dog Soldiers. Quizá esto ha provocado que bajara el listón antes de sentarme a verla, pero el caso es que esta primera película de Neil Marshall me ha parecido algo más entretenida y espectacular que su segundo trabajo.

El planteamiento inicial es similar: si en The Descent tenemos a un grupo de chicas aficionadas a la espeleología, aquí los protagonistas son unos soldados de maniobras que, otra vez, tienen que hacer frente a seres monstruosos que les acechan en un cerco que se estrecha cada vez más. Nada nuevo, pues (ni en una ni en otra), pero sí lo suficientemente atractivo como para no llegar a pensar que estás perdiendo el tiempo con un más-de-lo-mismo al uso. Obviamente, a poco que uno haya visto unas cuantas películas de terror de las más conocidas, no es difícil pensar en algunos referentes directos de Dog Soldiers (con Aliens, La noche de los muertos vivientes, Depredador o Aullidos a la cabeza), pero la ambientación en los bosques escoceses (en realidad filmados en Luxemburgo, según he leído), la fisicidad de los licántropos y la irreverente violencia que recorre el metraje son condimentos agradables para un plato que ya hemos devorado en varias ocasiones. Y creo que buscarle más es perder el tiempo.
Este mejunje que mezcla sin pudor cine bélico y horror costroso no puede dejar de resultarme simpático y dudo que alguien se lo pueda tomar en serio (¡por favor, se trata de un pelotón de soldados luchando contra hombres-lobo!), por eso me molestan esos breves apuntes de drama que se introducen con calzador en algunos diálogos sobre el honor militar y otras bagatelas que (aquí) no vienen a cuento. Que después de ver cómo a un personaje un perro le tira de las tripas a bocados intenten usarlo también para dar pena no es de recibo. Y menos cuando ha protagonizado una de las secuencias más desternillantes (porque humor hay bastante, aunque no siempre afortunado) del film, en la que intervienen tres elementos fundamentales: tripas, güisqui y super-glue. Y no digo más...
En algún sitio he leído que Dog Soldiers es una comedia de terror. Yo no diría tanto, pero sí que sobre ella flota un incesante ambiente de humor negro que toca de lleno varios momentos de la trama. Recordad por ejemplo esa escena junto a la hoguera, ese relajado momento en el que los soldados se confiesan mutuamente y hablan sobre sus miedos: el Sargento Wells (Sean Pertwee) narra la historia de un amigo suyo que se tatuó un demonio encima del culo, reventó tras pisar una mina y, al recoger sus restos con una pala, el único trozo de su cuerpo que estaba intacto era la zona de piel donde tenía el tatuaje... Que esto te lo cuenten con semblante serio hace que te preguntes si la intención era de verdad dramática o si lo único que pretendía Marshall era introducir unas gotas de humor british.

Pero, además de terror, lo que predomina en la cinta es la acción: tiros, explosiones y hasta una pelea humano vs licántropo. Y, por tanto, los personajes piensan y actúan como tal, enfrentándose a la situación con la fuerza bruta y sin percatarse de haber caído en una trampa fácil. Sobre los licántropos, eché de menos alguna transformación explícita, pero se ve que la falta de presupuesto lo impidió. No obstante, mi respeto para el acabado de los hombres lobo. Desde luego, a Bob Keen le hemos visto cosas peores a la hora de fabricar criaturas (¿alguien recuerda la espantosa Proteus?). Además, estos no tardan en salir, como suele pasar en este tipo de películas. Antes de los 30 minutos de proyección ya están descuartizando soldados de modo gráfico, dejando la insinuación para los libros de estilo del suspense con monstruo y manchando los decorados con hemoglobina por todas partes. Al final Marshall introduce algún giro de guión poco afortunado y el asunto pierde algo de gracia, pero, sinceramente, yo he pasado un buen rato con Dog Soldiers y eso, independientemente de apreciaciones críticas y subjetividades, no me lo quita nadie.

Para licantrófilos con ganas de guerra.

Lo mejor: Que los efectos especiales son de la vieja escuela ochentera.
Lo peor: El giro final.
7/10

Regla básica de toda scream-queen: deberás llevar poca ropa, aunque estés en las montañas, sea de noche y tengas frío...