Hostel

(Hostel. USA, 2005) Director: Eli Roth. Productores: Chris Briggs, Mike Fleiss, Eli Roth, Daniel Frisch, Philip Waley. Productores ejecutivos: Scott Spiegel, Boaz Yakin, Quentin Tarantino. Guión: Eli Roth. Música: Nathan Barr. Fotografía: Milan Chadima. Montaje: George Folsey Jr. Reparto: Jay Hernandez, Derek Richardson, Eythor Gudjonsson, Barbara Nedeljakova, Jan Vlasák, Jana Kaderabkova, Jennifer Lim, Keiko Seiko, Lubomir Bukovy, Jana Havlickova, Petr Janis. Duración: 90 minutos.

¡Ojo, esta no es una película de Tarantino!
A algunos esto les puede sonar a perogrullada, pero a tenor de cómo aparece el nombre de éste en los carteles de Hostel y de las opiniones que escuché en la sala de cine durante y después de del pase (como "anda, si es del Tarantino ese" o "cómo se le va la cabeza al director éste") he creído oportuno recordar este detalle (o aclarárselo) a los cinéfagos más vagos o despistados.
Dicho esto, hablemos un poco de Eli Roth, el verdadero artífice del film. Alguien que empieza a hacer cortos en super-8 después de ver Alien cuando era pequeño, a quien David Lynch ayuda a financiar su primer largometraje (Cabin Fever), que intervino como actor en un par de cintas de la Troma y a quien Quentin Tarantino llama "el futuro del cine de terror" tiene muchos puntos para gozar de mi simpatía. Y, aunque su primera cinta no llegó a entusiasmarme, sí que me agradó esa falta de pudor a la hora de mostrar carne putrefacta y desnudos en pantalla, sobre todo en una época en la que casi todo el cine de terror para adolescentes posee unas carácterísticas que lo hacen casi inmaculado y apto para todos los públicos.
Con Hostel, Roth sigue por la misma línea, consiguiendo una película aún más irreverente si cabe, pero que adolece también del mismo (y mayor) defecto de su predecesora: una indefinición en los primeros minutos que provoca que la acción tarde bastante en arrancar y que puede molestar a parte del público.
Antes de seguir, me gustaría advertir sobre otro asunto: sería mejor que hubierais visto Hostel antes de seguir leyendo, sobre todo si sois de esa clase de público que le gusta ver el cine sin saber qué va a ocurrir y no quiere conocer demasiados detalles de la película antes de tiempo. Si queréis conocer mi opinión sobre Hostel sin que os destripe demasiado el argumento, podéis pasaros ahora mismo a Tierra de Cinéfagos y buscar allí su correspondiente reseña. Si no os importa, si queréis información de Hostel aún sin haberla visto, o si no os interesa ir a verla pero sentís curiosidad por ella, entonces seguidme.
Una reflexión: creo que el hecho de que Tarantino apadrine esta cinta es un arma de doble filo. Si bien le otorga una publicidad añadida y la asocia directamente con uno de los nombres más importantes que han surgido en el cine norteamericano en la pasada década, esto mismo puede crear expectativas erróneas o poco justas con lo que es Hostel en realidad. Ignoro qué podría hacer Quentin con un guión de terror (con un poco de suerte, pronto podremos comprobarlo, gracias a la cinta que prepara junto a Robert Rodriguez: Grind House), pero parece que parte del público esperaba una obra de alto nivel y en cierta manera de una calidad comparable a las películas dirigidas por Tarantino. Lo más justo sería pensar que Hostel puede tener detalles de éste (esos títulos de crédito con rótulos anticuados y silbidos de fondo) o de Takashi Miike (con esa fascinación por la tortura gráfica), quien, de hecho, realiza un cameo en un momento muy significativo: dándole la bienvenida al protagonista al museo de los horrores del que podría formar parte; pero en realidad está más cerca de la sensibilidad ochentera del terror teenager y del cine de supervivencia y venganza que tantos (entrañables) subproductos generó durante esa década.

Pero no sólo del terror toma Hostel prestados algunos rasgos. También mira a ese tipo de comedia juvenil y gamberra en la que los protagonistas son hormonas con patas en busca del polvo del siglo. Los mochileros que vemos aquí están más cerca de los Un hombre lobo americano en París que los de Un hombre americano en Londres: recorren Europa en tren buscando sexo y drogas. Si esto es una crítica al turismo sexual como he leído en algunos sitios es algo que dejo a la interpretación de cada uno...

De este modo, durante la primera media hora (y exceptuando ese breve y sucio prólogo durante los títulos iniciales) observamos a dos americanos y un islandes en sus recorridos por Coffee Shops en Amsterdam (no precisamente famosos por su café...) y por sus red light districts (las calles donde se concentran los locales dedicados a la prostitución). Luego un personaje les recomienda un albergue en Eslovaquia donde pueden encontrar a cantidad de mujeres desesperadas por beneficiarse a los americanos, y sin pensárselo dos veces, allí se desplaza nuestro trío de mochileros calientes. Allí el espectador encuentra más humor, más sexo y más desenfreno. Hasta que algo extraño sucede (una desaparición) y la película se transforma de repente en un thriller gore.

Pocas veces uno puede apreciar tan claramente la clásica división en tres actos que suele tener todo ejercicio cinematográfico. Si el primer acto es el ligero, el divertido, el del buen rollo, etc., con la entrada del segundo todo se torna oscuro y aparece la sangre. Al principio hablaba de una estructura que podría no ser del agrado del espectador. A esto me refería: se supone que cuando vas a ver Hostel lo haces con la intención de ver terror, y hasta aquí todo te hacía pensar que estabas ante un American Pie versión europea o algo así.
Pero no, amig@s. Durante el segundo tercio, los protagonistas son engañados, torturados y mutilados. Un festival de lo desagradable que podrá poner nervioso al espectador menos curtido y en el que no faltan ligeros toques de humor (muy negro) cono el "accidente" con la motosierra... Este segundo acto es lo que venden de Hostel y es lo que la mayoría de la gente esperaba ver durante todo el metraje.
Pero, del mismo modo que uno no contaba con esa parte de comedia guarrindonga, tampoco sospechaba encontrarme con un tercer acto en clave casi de action-movie, de cine (bruto) de aventuras, con rescate de la chica y venganza incluida. Aquí el espectador más entregado (entre los que me incluyo) llega a experimentar una sensación de catarsis al ver cumplido aquello del ojo por ojo, pero al mismo tiempo siente cierta desazón después del último plano, al comprender que ese pequeño triunfo de uno de los personajes no ha significado nada y que menos aún se puede hacer para detener la trama conspiratoria que rodea cada uno de los acontecimientos de los que somos aquí testigos. Si hay algo que de miedo de Hostel es que no existe la figura del psicópata como tal, sino el modo en que cierta gente se puede transformar en asesinos por puro goce.
Por lo tanto, Hostel no es lo que esperaba... sin embargo, lo que me he encontrado no me ha desagradado en absoluto. Es más, casi podría decir que agradezco que Eli Roth jugase a la mezcla de géneros y que me diese un tres por uno cuando lo que tenía pensado ver era sólo un largometraje de terror al estilo Saw. Escenas como la del ojo, las de los peligrosos niños (un pequeño recordatorio para esa maravilla titulada ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez-Serrador), el diálogo con el "cliente" americano que se muestra excitado antes de lanzarse a los abismos de la degradación humana... son momentos que consiguen elevar a Hostel por encima de la media si lo comparamos con la mayoría del terror reciente que proviene de Hollywood, y que a un servidor ya le valen el precio de la entrada.

Película hecha por fans para los fans, Hostel gustará sobre todo a los que no le busquen más que (in)sana diversión y disfruten de las series B bien hechas.
Lo mejor: Que no se corta un pelo en ningún aspecto.
Lo peor: Que el nombre de Tarantino en el cartel juegue en su contra a la hora de hacer valoraciones comparativas.
7/10

Ante semejante anzuelo, más de uno de nosotros picaría seguro.













Toni.D dijo
Totalmente deacuerdo, la peli la primera vez k la vi en el cine, fui esperando ver algo ultragore y k realmente me revolviera el estomago (algo dificil ya k esto desensivilizado), me encontre ante una pelicula k en algunos momentes me produce angustia nada mas de pensar k eso me podria pasar a mi, despertarme atado a uan silla semi-desnudo con un tio con un taladro en la mano al lado y saver k no puedes hacer nada y k te pueden hacer todo. La pelicula tiene muchas escenas brillantes y como ya has comentado se goza de la muerte de "Los malos" y el toke k muestra de los niños por una parte unos sadicos y al fotograma siguiente masticando chicle como si nada uviese passado (recordemos la escena de karate con la niña en cavin fever). La escena de la conversacion con uno de los k va a participar en la tortura es buenissima, ya como su actuacion, claramente de un desikilibrado mental, y k muestra claramente como el dinero lo puede todo y hay gente sin conciencia (claro ejemplo nuestro amigo de las gafas, k pesse a tener una hija se convierte por un dia en un torturador y despues de ello vuelve a su vida normal). Aparte de esto es verdad lo k dices sobre Quentin Tarantino, ya ves a mis professores diciendo k si havia ido a ver la nueva peli de Quentin Tarantino (conocen mis aficiones) y le tuve k corregir a mas de un professor y compañero k la peli ni la ha hecho, ni la a dirigido ni nada, y es k tanto en la peli como en el cartel se ve mas grande el nombre del propio Quentin k el de Eli. En fin una pelicula muy entretenida k cave añadir k no me aburri ni un segundo, al principio ante el festil de suculentas hembras y al final por las escenas de torturas (algo capadas todo hay k decirlo).
Un Salu2 y sigue asi.
Toni.D
3 Abril 2006 | 08:56 PM