999

(999-9999. Tailandia, 2002)
Director: Peter Manus.
Productor: Prachya Pinkaew.
Guión: Nuttiya Sirakomwilai, Peter Manus.
Música: Wild At Heart.
Fotografía: Witcha Intranoi.
Montaje: Dusanee Puinongpho.
Reparto: Chulachak Chakrabongse, Sririta Jensen, Paula Taylor, Thepparit Riwin, Worajan Sangngern, Titinun Keatanakon, Rawit Riwin, Pisut Praesangeam, Janeen Lyons.
Duración: 102 minutos.

"Esta película está lejanamente basada en un hecho real". Esto es lo que podemos leer nada más comenzar el visionado de 999, otra de las películas de terror orientales que, como la comentada R-Point, se aparta de los tópicos de las fantasmas despeinadas que tanto abundan y que ya cansan.
Escuela Internacional de Chiang Mai (Norte de Tailandia). Un pájaro muerto sale a flote en el agua. Una profesora encuentra un collar en el suelo, a los pies del poste de la bandera. Cuando va a izarla, se encuentra a una chica ensartada en lo alto del mástil (si no recuerdo mal, así acababa Michael J. Fox en Curso 1984, otra de esas joyitas que algún día me gustaría recuperar). Cerca de la escena, un teléfono descolgado se balancea misteriosamente...
Tras este prólogo, la acción nos lleva a la Escuela Internacional de Phuket. Allí, unos jóvenes rebeldes (en realidad, unos niños malcriados por lo que parece)que se hacen llamar el Club de los Diablos (los Dare Devils) sabotean el circuito de televisión interno del colegio y demuestran que el director guarda pornografía en un armario. Los protagonistas no son unos intelectuales precísamente, así que cuando llega una chica nueva al colegio, a la que llaman
Rainbow (la modelo tailandesa Sririta Jensen, también conocida simplemente como Rita), y se enteran de que procede de la Escuela de Chiang Mai no tardan mucho en organizarle una encerrona para interrogarle sobre lo ocurrido. En el transcurso de la noche sale a relucir un número de teléfono, el 999-9999 (por favor, intenten aguantar la risa cada vez que uno de los personajes dice nuevenuevenueve-nuevenuevenuevenueve), al que puedes llamar para pedir cualquier deseo (sólo a partir de las 12 de la noche, como manda la tradición terrorífica) y te lo conceden. El problema es que ese ente extraño que recibe las llamadas siempre acaba cobrándose los favores... ya podéis imaginar de qué manera.

En la línea del terror oriental moderno, en esta cinta la tecnología es usada como medio para crear el pánico entre los personajes, que van muriendo uno a uno en la mejor tradición del slasher norteamericano hasta que, siguiendo el esquema típico del género, cuando sólo quedan un par de supervivientes estos deciden trasladarse al lugar donde empezó todo para intentar averiguar cómo detener la masacre.
Podemos interpretar 999 como la versión tailandesa de Destino Final, un catálogo de muertes creativas que se producen como si fueran accidentes. Pero este modelo es llevado hasta el extremo y cada vez que muere uno de los personajes lo hace de un modo rebuscadísimo y sangriento. Por supuesto, aquí no vamos a objetar nada: la cinta, a pesar del tono de comedia que tiene en sus primeros minutos, no es apta para todos los públicos y ofrece alguna secuencia gore que deleitará a los fans de las tripas y desmembramientos varios. Pero todo visto en un tono lúdico y exagerado, como ya ocurría en la citada Destino Final y en su interesante secuela (la tercera parte la veremos pronto), lo que unido a lo poco que sabemos de los protagonistas y que no caen demasiado bien, hace que disfrutemos con una sonrisa macabra en la cara cada vez que uno de ellos va a pagar por su deseo cumplido.
Es una pena que los responsables de este largometraje (entre ellos Prachya Pinkaew, descubridor cinematográfico de Tony Jaa) tuvieran mejores ideas de lo que eran capaces de plasmar en imágenes con los recursos que tenían. Así, la escena de la cámara de ingravidez llega a caer en el ridículo por culpa de unos efectos infográficos demasiado pobres, que estropean lo que sobre el papel sería un concepto atractivo. Pero, en líneas generales, 999 es una cinta disfrutable y ligera, una buena opción para una tarde tonta delante del dvd.

Para los que no se tomen el terror como algo excesivamente serio.
Lo mejor: Que no hay demasiados tiempos muertos.
Lo peor: Alguna idea desaprovechada por la falta de recursos.
6/10


Si llamáis al 999-9999 y pedís que Sririta Jensen y Paula Taylor se aparezcan ante vosotros de esta guisa, ateneos a las consecuencias.













Chico Viejo dijo
Vaya frase del cartel: "Atrévete a morir". ¿Pagan a gente para "pensar" eso?
Aaaajam... 999-9999, no? Ok, ya estoy llamando... espero que no pidan mucho, que me quedan 2 euros en la cartera...
16 Febrero 2006 | 11:00 PM