Boys Don't Cry
(Boys don't cry. USA, 1999)
Directora: Kimberly Peirce.
Productores: John Hart, Eva Kolodner, Jefrey Sharp, Christine Vachon.
Guión: Kimberly Peirce & Andy Bienen.
Música: Nathan Larson.
Fotografía: Jim Denault.
Montaje: Tracy Granger, Lee Percy.
Reparto: Hilary Swank, Chloë Sevigny, Peter Sarsgaard, Brendan Sexton III, Alicia Goranson, Alison Folland, Jeannetta Arnette, Rob Campbell.
Duración: 118 minutos.
En un sábado noche de frío y dolor de cabeza, nada mejor que un maratón de cine. La pasada noche, en Antena 3, se pudieron ver de una tacada tres películas interesantes: la divertidísima y alocada Spy Kids de Robert Rodriguez, la socarrona Equipo Mortal de Kirk Wong, y la que nos ocupa, Boys don't cry.
Como las dos primeras ya las había visto un par de ocasiones, me centré sobretodo en Boys don't cry, una de esas cintas que tenia ganas de ver desde hace tiempo pero que nunca había caído en mis manos.
Para empezar, destacar que en un principio no tenía intención de quedarme a verla, pero tras ver sus primeros minutos quedé enganchado a su historia y ya no pude dormir hasta conocer el final.
A pesar de tener que soportar intermedios con spots de politonos para móviles de la maldita rana loca y fotos eróticas de Sonia Monroy, las más de dos horas que pasé delante de la tele aguantando la jaqueca merecieron bien la pena.
Boys don't cry narra la historia real de Teena Brandon, joven de Nebraska que se sentía un hombre y que, bajo la identidad de Brandon Teena, intentó vivir como tal hasta que su futuro se vio truncado con apenas 21 años.
Hilary Swank interpreta a esta alma torturada con total convicción, en uno de esos escasos papeles que están justamente premiados (ganó su primer Oscar a la Mejor Actriz con este filme) y que logran, por sí solos, captar la atención del espectador y centrar todo un largometraje de 2 horas en torno suyo.
Ésta es una película difícil de resumir, ya que en realidad no cuenta con una trama convencional o un argumento que se desarrolle con las leyes estrictas de la narrativa cinematográfica. Es decir, Boys don't cry no es de ese tipo de cine que se desarrolla a través de acciones, de desafíos que requieren que los personajes se muevan de un lado para otro para evitar que algo suceda. Ésta es una de esas películas en las que te puedes permitir el lujo de "conocer" a unos personajes, sus vidas, sus emociones, y acompañarlos en su día a día, ver cómo se relacionan con los demás, qué piensan, qué sienten...
Así, Boys don't cry no es una cinta hecha para provocar entusiasmos a través de estímulos audiovisuales: todos los elementos que habitualmente se usan para enfatizar la narración (música, fotografía, montaje, efectos sonoros, etc.) quedan aquí relegados a un plano casi invisible, en el sentido de que no entorpecen a la historia ni intentan destacar por encima de la misma, sino que contribuyen a contarla sin que casi nos demos cuenta, haciendo que todo parezca natural y verídico (aquí la excepción serían algunos insertos de imágenes aceleradas que no aportan demasiado, pero que se perdonan dentro del conjunto).
Tampoco es una película agradable, una feel-good-movie basada en un caso real y edulcorada de esas que tanto gustan a Hollywood. Lo personajes, como sucedió en la vida real, lo pasan mal. Y la directora no se corta demasiado a la hora de mostrárnoslo: hay violencia física, pero también (y sobre todo) violencia emocional, de esa que a nosotros, como espectadores, nos hace sentir incómodos ante la imposibilidad de poder darle consuelo y ayuda a unos personajes a los que acabamos cogiendo cariño.

Pero dejemos de hablar de lo que no es Boys don't cry y centrémonos en lo que es verdaderamente: una conmovedora historia de amor entre dos personas encerradas que quieren escapar de su realidad. Si Teena quiere ser Brandon para sentirse a gusto con su verdadera personalidad, Lana (papel interpretado por una de las musas del cine indie norteamericano, Chloë Sevigny) desea huir de un entorno hostil y asfixiante. Ambas desean emprender un viaje hacia un lugar lejano que significa la libertad, donde no importa tu pasado y en el que la sexualidad de cada uno no es más que una X en la casilla de un cuestionario. Lamentablemente, parece que ese lugar no existe...

En cuanto a la fidelidad de la película con respecto a la historia real, la misma directora admite que se tomó varias licencias dramáticas. Arriba podéis ver una foto de las verdaderas Teena y Lana. Aquí podréis encontrar algunos datos sobre el caso real (no escribo en este artículo sobre ello para no desvelar nada a quien no haya visto aún la película y esté interesado en ella).
Por último, un apunte personal: cuando, hace años, veía con desgana El nuevo Karate Kid, interpretado por Hilary Swank (y el recientemente fallecido Pat Morita), jamás se me ocurriría pensar que esa joven actriz tendría diez años después dos Oscar en su estantería.

Para los que se conmuevan con historias de amor viscerales.
Lo mejor: Las actrices.
Lo peor: Algún artificio innecesario en el montaje.
8/10













engelson dijo
No me gustan los dramas románticos (que igual no estás de acuerdo con la definición), pero si me gusta leer algo bien escrito con una peli que seguramente no veré.
Saludos
29 Noviembre 2005 | 10:12 AM