La Coctelera

Categoría: Críticas de Cine

'Death Tunnel (El Sanatorio)'. 5 horas en Waverly Hills. El horror... el horror...

(Death Tunnel. USA, 2005) Director: Philip Adrian Booth. Productores: Christopher Saint Booth, Shane Dax Taylor. Productor Ejecutivo: Corky Taylor. Guión: Christopher Saint Booth, Philip Adrian Booth, Shane Dax Taylor. Música: Christopher Saint Booth. Fotografía: Philip Adrian Booth, Marcel Cabrera, Roberto Correa. Montaje: Philip Adrian Booth. Reparto: Steffany Huckaby, Melanie Lewis, Yolanda Pecoraro, Kristin Novak, Annie Burgstede, Jason Lasater, Gary Wolf, Robyn Corum, Gill Gayle, Brian Dyer, Reenie Varga. Duración: 97 minutos. DVD: Paramount.

Ayer me quejaba de lo poco que me había gustado Área de descanso, una película de la que esperaba algo interesante y que acabó siendo una decepción. En cuanto acabé la reseña, quise seguir buscando y me puse otro largometraje de estos que aparecen de la nada en las estanterías de los videoclubs (o las páginas de descargas, vaya) y que, según los textos que figuran en sus carátulas, son el no-va-más, la panacea del cine de horror. A favor de esta Death Tunnel jugaba el hecho de que no había leído nada sobre ella, la veía limpio, sin ideas preconcebidas, ni prejuicios ni expectativas. Y la veía con ganas, porque Área de descanso me supo a poco y quería experimentar algo más de miedo en el cuerpo. Pero ni miedo, ni diversión, ni suspense, ni nada de nada. Death Tunnel es una de las peores películas que he visto en mucho tiempo. Un pedazo de mierda humeante y costrosa salida al unísono del culo de los hermanos Booth, unos tipos que se ve que tienen dinero suficiente para pagarse sus caprichos en forma de películas (o así) y obsesionados con los hechos reales acontecidos en el sanatorio de Waverly Hills (cuya historia, en castellano, podéis leer aquí, vía Iker Jiménez), ya que más tarde hasta filmarían un documental sobre el tema que seguramente, porque no puede ser de otra manera, será más salvable que este engendro aburrido y estúpido sin pies ni cabeza.

No niego que la historia del sanatorio tenga su atractivo para los que estén interesados en temas paranormales y demás. Pero el hecho de que la película recoja varias de las leyendas que en torno al edificio circulan para configurar algunas (muchas) de sus escenas, y que esté filmada en los mismísimos interiores de Waverly Hills, no hace que su calidad tenga que ser necesariamente pareja al interés que la historia verídica (ejem) nos pueda provocar. O dicho de otro modo más prosaico: por mucho que la peli esté filmada allí mismo, no deja de ser una mierda. Mi recomendación es que, si queréis investigar sobre el asunto, profundicéis a través de las diversas páginas web que han tratado el tema y que reservéis esta película (si habéis cometido el error de haceros con ella) para cuando os queráis deshacer de ese típico amigo gorrón que no deja de pedirte deuvedeses que te devuelve rayados o sucios (si los devuelve, claro). No falla, recomendadle este título, entregádselo asegurando que es la mejor película de terror (o de cualquier género) que habéis visto en vuestra vida y os aseguro que muy mal tiene que estar para que vuelva a pediros otra.

Dios, qué miedo. No sé si podré volver a mirar esta foto...

No voy a haceros perder el tiempo mucho más, porque creo que el mensaje de advertencia ha quedado bien claro ya. No os dejéis engañar por unos títulos de crédito iniciales que parecen montados por el equipo de Cuarto Milenio (otra vez Iker... y es que estoy seguro de que a él le tiene que fascinar esta cinta). No tardan en aparecer en escena cinco putones que se pasean por el campus como si estuvieran en un desfile de modelos y que son encerradas (en plan Saw) en otras tantas habitaciones del viejo sanatorio, en plan broma de iniciación o algo así. Allí empiezan a aparecer sin ton ni son recreaciones de todas las leyendas que circulan alrededor de Waverly Hills (la enfermera que se ahorcó, la que se tiró por la ventana, etc.) y meten sustos a las chicas, pero a la hora de la verdad resulta que se matan entre ellas... más o menos. Y eso no pasa hasta que está acabando la sesión, que por cierto culmina con un final nauseabundo de lo tonto que es en el que se intenta dar explicación a lo que no lo tiene. ¿Que por qué llegué hasta el final? No lo sé, y no es porque las protagonistas estén buenas y se paseen en camisón todo el rato (eso las que no se despelotan a la mínima oportunidad). Supongo que quería comprobar hasta qué punto de idiotez era capaz de llegar la película. Y si me descuido me da un derrame cerebral de tanta gilipollez junta. Menos mal que luego he visto Planet Terror y se me ha quitado el mal sabor de boca de golpe. Qué peliculón, pardiez. Pero sobre eso (espero) hablaré otro día.

Las Mellizas Lascivas, final boss del piso 3.




Target
: A saber...
Lo mejor: Que a partir de esto sólo puedo ir hacia arriba. Bueno, vale, y la ambientación.
Lo peor: Que pretendan vender la moto de que durante su rodaje se han registrado psicofonías y todo ese rollo.
Valoración: 0'5 / 10



Tráiler (lo más alucinante son las frases positivas de varias páginas webs que aparecen en el vídeo. Se ve que a los Booth todavía les sobró dinero para untar a unos cuantos):



Como extra, os pongo un par de vídeos en los que supuestamente se ven fantasmas filmados en el interior de Waverly Hills. En este primero dicen que se ve una aparición en el segundo 33, pero yo no consigo ver nada. Y en los siguientes... bueno, descubridlo vosotros mismos.




'Área de descanso'. Mejor pasar de largo...

(Rest Stop. USA, 2006) Director: John Shiban. Productores: Tony Krantz, Daniel Myrick, Shawn Papazian. Productores Ejecutivos: James Hirsch, John Shiban. Guión: John Shiban. Música: Bear McCreary. Fotografía: Mark Vargo. Montaje: Richard Byard. Reparto: Jaimie Alexander, Joey Mendicino, Deanna Russo, Diane Salinger, Michael Childers, Curtis Taylor, Joseph Lawrence, Gary Entin, Jennifer Cormack, Mickey Post, Nick Orefice. Duración: 85 minutos. DVD: Warner.

Antes que nada, comunicaros que por fin he conseguido ver una película de terror actual que me ha gustado. Es más, que me ha entusiasmado. Pero no es ésta, sino la verbenera 28 Semanas Después (o cómo Fresnadillo le ha mojado la oreja a Boyle sin despeinarse). Pero eso ha sido en cines. En cuanto a mi cruzada infructuosa por encontrar un videoestreno de horror decente, tengo que aceptar que lamentablemente sigo sin hallarlo. Esta Área de descanso, primer título de Raw Feed (división de Warner Bros dedicada a la producción de pequeños filmes de género destinados al mercado del vídeo) y ópera prima de John Shiban (guionista curtido en series como Expediente X o la reciente Sobrenatural) tenía a priori cualidades suficientes como para que mi cada vez más exigente baremo sobrepasara el mísero cinco de la concordia, pero sólo unos pocos de sus ochenta y tantos minutos merecen la pena, hasta tal punto de que durante la primera mitad de la cinta estuve a punto de sacar el disco de la bandeja en varias ocasiones. Si no lo hice fue porque no estaba sólo viéndola y el gesto podría entenderse como acto de descortesía hacia mis acompañantes y porque, al fin y al cabo, ya metidos en harina... uno tiene que terminar la faena.

Esta es la historia de una chica texana que quiere demostrarse que ya no es una niña y que es capaz de tomar sus propias decisiones. Por eso se fuga con su novio a Los Angeles sin decirle nada a sus padres y con la intención de convertirse en actriz (madurez a tope). Después de un furtivo polvo campestre, son observados por un tipo que viaja en una camioneta destartalada, con quien tendrán un encontronazo en menos que canta un giallo (aunque al misterioso personaje de la ranchera, como mandan los cánones, apenas se le vislumbra el rostro en ningún momento). Más perdidos que Jackie Chan en una peli de Almodóvar, acaban parando en una zona de descanso mugrienta y hedionda, de la que no tarda en desaparecer el novio de la protagonista mientras esta se afana en no rozar con sus nalgas la taza del w.c. para no llenarse de mierda. Una vez sola, la muchacha empieza a toparse con personajes variopintos, desde supervivientes que se supone que son fantasmas (o meras imaginaciones de la chica) hasta un policía que intentará ayudarle (un casi irreconocible Joey Lawrence), pasando por una familia de freaks religiosos que proporcioinan una de las secuencias más gilipollas e innecesarias de toda la película. Todo eso sin olvidar que el villano de la función, el camionero fantasma, no deja de hacerle esporádicas visitas para recordarle a quién debe tener miedo y dejarle mensajitos en forma de vídeos snuff o mordiscos potentes (pregunta: ¿la dentadura humana puede arrancar de cuajo medio dedo de una persona, llevándose el hueso y todo?).

Como veis, las referencias de la película son bien claras, convirtiéndose en algo así como un pobre El diablo sobre ruedas meets Las colinas tienen ojos, una mezcla que no tiene que ser mala per se, pero que llevada a cabo con la torpeza que se exhibe en esta ocasión puede resultar indigesta hasta para el cinéfago más entregado a la causa. Puestos a soltar pestes, podríamos empezar por decir que TODOS los miembros del reparto están fatal (de nuevo, al compartir visionado con más personas, tuve que sufrir un doblaje que da más miedo que cualquier secuencia del film, lo cual no ayuda mucho a unos actores sobreactuados y roñosos), siendo este uno de los hándicaps más evidentes de la película, ya que en lugar de sufrir por la salud de los protagonistas lo que pasa en realidad es que estás deseando que los maten y que se callen de una puta vez (perdón por el lenguaje, pero acabo de ver la película y los personajes usan un taco cada tres palabras, quizá para hacer de la cinta más nasty, ejem, así que me adecuo a las circunstancias). Ejemplar es la bochornosa secuencia en la que el policía agoniza interminablemente, hasta que por fin le pide a la protagonista que le pegue un tiro en la cabeza para poder descansar (él y nosotros). No se consigue ni un ápice de dramatismo, y eso que el primer intento da como resultado que la oreja del poli vuele por los aires, pero como decía aquel, por lo menos te ríes. Es aquí, cuando ya está a punto de acabar la función, cuando empieza uno a disfrutar mínimamente de Área de descanso. De repente todo se vuelve aún más exagerado y aparece el gore que nos prometían, aunque tampoco en cantidades como para saciar al espectador más ávido de vísceras (ojito a la estratagema que utilizan los de Warner en el tráiler del dvd que os pondré después: dicen que la película es demasiado fuerte para ser estrenada en cines... ¡JA!). Un muslo atravesado por un taladro, una lengua arrancada y poco más. Minucias. Vale, que es un slasher y tal y otras veces perdonamos que los actores sean malos y el guión una mierda (como aquí), pero es que... ¡ni siquiera la parte slasher está bien! De todos modos, cuando la cinta pierde el sentido es cuando más gusta: la camioneta del malo se repone misteriosamente después de estallar y ser consumida por las llamas, los cadáveres desaparecen por arte de magia y los lavabos explotan con un chorrito de gasolina y un mechero como si dentro tuvieran goma dos (¿sería a causa de un exceso de metano acumulado en unos servicios deshigienizados). Para colmo, el final es uno de esos en plan vuelta a empezar que tanto molestan cuando se ven venir a kilómetros. Anuncian ya la preproducción de la segunda parte con miembros del reparto que aquí mueren, así que a ver cómo lo hacen. Se ve que ha gustado a gente suficiente como para pagar una secuela, aunque todavía no logro explicarme por qué.
Un último apunte: en la producción está Daniel Myrick, uno de los dos directores que se iban a comer el mundo después de El proyecto de la bruja de Blair. Suerte.

Esta actriz hace muecas hasta cuando sabe que no la van a mirar a la cara.




Target
: Fans del terror que se dejen engañar por la carátula (como yo).
Lo mejor: Cuando le arrancan la lengua al novio de la protagonista, cuando le vuelan la oreja al policía, cuando le arrancan un dedo a la prota... en fin, cuando los personajes sufren.
Lo peor: ¿A qué vienen esos elementos paranormales? ¿Por qué no arranca la película hasta los 40 minutos?
Valoración: 3'5 / 10



Tráiler:


'Dark Remains'. Acojona como puedas.

(Dark Remains. USA, 2005) Director: Brian Avenet-Bradley. Productor: Laurence Avenet-Bradley. Productor Ejecutivo: Mark Lee Fletcher. Guión: Brian Avenet-Bradley. Música: Benedikt Brydern. Fotografía: Laurence Avenet-Bradley. Montaje: Brian Avenet-Bradley. Reparto: Cheri Christian, Greg Thompson, Scott Hodges, Jeff Evans, Rachel Jordan, Michelle Kegley, Patrick G. Keenan, Rachael Rollings, Jason Turner. Duración: 88 minutos.

En este paupérrimo dvd sin extras ni subtítulos puse mis esperanzas hace unas cuantas noches para pasar tanto miedo como me habían prometido. ¿Sería verdad lo que ponía en la carátula? ¿Se merecería realmente esos premios? ¿Acojonaría tanto como decían los que me pasaron el disco? Antes de verla, ya que estaba metido en internet, decidí curiosear para comprobar qué se comentaba de la peli por ahí. Y ahí empezó el verdadero acojone, ya que de debajo de las losas pixeladas salían opiniones negativas sobre un film de cuya buena reputación renegaba un buen tanto por ciento de los que la comentaban en foros, blogs y demás. Estaba claro que alguien estaba equivocado, y finalmente decidí averiguar cuanto antes y por mí mismo a cuál de los dos bandos me uniría, si al de los que de verdad pasaron miedo con la peli o a los que ponían en duda la credibilidad de esos premios que tan orgullosamente luce la carátula. Como siempre pasa en estos casos, uno, que se siente bueno por naturaleza, hace todo lo que puede por valorar lo que tiene entre manos, más cuando se lo ha ofrecido gente a la que estima. Pero puede ocurrir que la película ponga todo su empeño en que seas malo con ella. Dark Remains es uno de esos casos.

Para empezar, la calidad de imagen es la de un telefilm cualquiera o un videoestreno de tres al cuarto, cosa que a veces puede tener su gracia si ayuda a crear cierto aspecto visual malsano (aunque nada como el viejo 16mm hinchado), pero que invita al bostezo cuando detrás de su elección no hay más que motivos de precariedad y lo que se nos cuenta no es lo suficientemente interesante como para perdonarle esa deficiencia. Y precisamente uno de los mayores problemas de esta película es que no cuenta prácticamente nada. Veamos: vemos una introducción con un par de suicidios, bien, y luego nos llevan a la casa de un matrimonio supuestamente feliz que vive con su hija aparentemente perfecta. Todo bien hasta que el padre olvida cerrar la puerta de la casa y la niña aparece asesinada (¡cáspita!). La pareja, él escritor de temas técnicos (!) y ella fotógrafa (ya sabéis que en las pelis de miedo mola que los protas sean artistas porque así están más receptivos a lo que les rodea, a lo que no se ve a simple vista, etc., como bien sabía Dario Argento), decide mudarse a una casa en el campo para relajarse y olvidar las penas. Pero esa será tarea imposible cuando comiencen a aparecer fantasmas (incluido el de la niña) y salgan a la luz los oscuros secretos de la propiedad que han elegido para hallar la paz (en efecto, los suicidios que vimos en el prólogo de la cinta sucedieron en este lugar). ¿Habrá alguna relación entre lo ocurrido en la casa de campo y el asesinato de su hija? ¿Son los fantasmas únicamente producto de la imaginación de los cada vez más perturbados protagonistas? ¿Quién sabe? Si alguien me sabe relacionar con un mínimo de coherencia lo que ocurre en los 10 primeros minutos con lo que pasa en los 10 últimos de la cinta, por favor, que me deje un comentario y me lo explique. Lo mismo es que yo soy demasiado torpe. O que cuando llegó el final estaba tan aburrido que mi capacidad de atención se había ido al carajo.

Y el caso es que durante el primero y parte del segundo acto uno se lo pasa bien y sufre tres o cuatro sustos de esos que se celebran con una carcajada liberadora, nerviosa, y que te mantiene con ganas de ver cine de horror durante tres o cuatro días más. Pero no es suficiente. De hecho, irónicamente, lo que es una virtud que echamos de menos en tantísimas cintas de terror (que nos hagan saltar del sillón o, como mínimo, que nos peguen ese golpetazo en el interior del tórax tan característico de los buenos sobresaltos) aquí se convierte, por exceso, en un elemento anestésico que logra que el espectador esté totalmente curado de espanto (del que puede ofrecer la peli, obviamente) cuando lleva vistos unos 40 minutos de metraje. Pero va más allá: no es solo que te acostumbres a la ración de sustos gratuitos más generosa que recuerdo en los últimos meses, sino que llega un punto en el que los mismos invitan al cachondeo. Mientras que algunos momentos inquietan por la mezcla perfecta de imagen perturbadora acompañada del estridente efecto sonoro de turno, otros no son más que molestos instantes quiero-dar-miedo-y-no-puedo en los que se ve venir a lo lejos el momento exacto en el que el director va a intentar acojonarnos. Puertas que se abren solas, apariciones espectrales en fotografías y, sobre todo, el viejo truco que se convierte en seña de identidad de la película y en motivo de rubor por parte del que la ve: la cantidad de veces que los fantasmas aparecen detrás de los protagonistas sin que ellos se den cuenta.

Se ve que de imaginación no anda sobrado el director, guionista y montador del invento, y esto es un hecho palpable en otros aspectos de la cinta además de en los rudimentarios (o rupestres, como diría Tones) mecanismos con los que se nos pretende aterrorizar: perdí la cuenta de las veces en las que se nos muestra un plano detalle de un vaso siendo llenado o, en su defecto, de un grifo por el que corre agua. No sé si será una obsesión personal del autor, un rasgo estilístico o qué, pero aburre a las ovejas.
En fin, como tampoco hay mucho más que rascar, lo dejo aquí. A ver si por fin encuentro una cinta de terror que me guste... sin tener que recurrir a los clásicos. Seguiré intentándolo.

La imagen no es de 'Evil Dead', aunque lo parezca.




Target
: Parejas con ganas de apretujarse gracias a los sustos.
Lo mejor: La escena del amigo afroamericano del prota.
Lo peor: Que acaba pareciendo la versión ZAZ de las pelis de terror orientales... pero sin gracia.
Valoración: 3'5 / 10



Tráiler:


'Going to Pieces'. Slasher for Dummies.

(Going to Pieces: The Rise and Fall of the Slasher Film. USA, 2006) Director: Mike Bohusz. Productores: Rachel Belofsky, Rudy Scalese. Productores Ejecutivos: Michael Baker, Randy Manis, Michael Ruggiero. Guión: Adam Rockoff. Música: Harry Manfredini. Fotografía: Michael Fimognari. Montaje: Michael Derek Bohusz. Reparto: John Carpenter, Wes Craven, Sean S. Cunningham, Amy Holden Jones, Paul Lynch, Harry Manfredini, Armand Mastroianni, Gregory Nicotero, Betsy Palmer, Felissa Rose, Tom Savini, Robert Shaye, Joseph Stefano, Fred Walton, Stan Winston, Joseph Zito, Rob Zombie. Duración: 88 minutos.

Hubo un tiempo en el que el cine de terror era excitante, explícito y nada mojigato a pesar de sus fuertes cargas de moralina (ya todos os sabéis la lección, no hace falta que la explique). Mostraba a tipos enmascarados que empleaban su tiempo en buscar carnaza joven a la que masacrar, a ser posible adolescentes pecadores con las hormonas revueltas, más bien pocas luces y cuerpos jugosos (de ambos sexos) que no tenían reparos en mostrar al público a la más mínima ocasión. Ahora el cine de terror que se hace suele ser una mierda, películas castas y autocensuradas que como mucho llegan a asustarte en algún momento concreto gracias al típico efecto de sonido pero que te quedan con una sensación de vacío molesta y cargante, una sensación que se va potenciando según vamos viendo nuevas muestras actuales del género y de la que sólo consigues escapar en contadísimas ocasiones (aquí que cada cual coloque el título o títulos que le desee).
Pero, un momento, ¿este discurso no lo he soltado ya en más de una ocasión y lugar? ¿No es lo que pensamos más o menos todos? Y, sin embargo, cada vez que lo emitimos encontramos la satisfacción de ser coherentes con nosotros mismos, de dar a entender que no somos novatos y que llevamos muchos años en estos fregados, o al menos los suficientes como para echar de menos viejos tiempos e intentar hacer ver a las nuevas generaciones que les están vendiendo la moto y están picando cada fin de semana pagando por ver productos que no valen una mierda (como si nosotros no viéramos también la mayoría de ellos... yo al menos estoy deseando ver El retorno de los malditos, por muy gilipollas que sea el título que le han puesto).
Después de una noche de juerga, el equipo de 'Viernes 13, 4ª parte - Capítulo Final' (mi favorita de la serie) hacía lo que podía para sacar guapo a Corey Feldman.

¿A qué viene todo esto? Pues a que eso es más o menos lo que nos viene a contar este documental, muy entretenido, con caras muy conocidas en él (sólo tenéis que mirar el reparto en la ficha técnica) que saben lo que están diciendo, pero con una capacidad informativa que será ciertamente pobre para los que hayáis leído algún libro sobre cine de terror moderno, seguido el género durante los últimos 30 años o, simplemente, visto Scream.
Entonces, sabiendo como sé que muchos de los que vayáis a leer esta reseña cumpliréis esos requisitos, ¿merece la pena que invirtáis 90 minutos en ella? Pues la respuesta sería un sí, pero dicho con la boca pequeña.
Está muy bien acudir vía dvd a las clases magistrales de Tom Savini sobre cómo llevó a cabo los efectos especiales de Viernes 13, o escuchar a John Carpenter hablando sobre Halloween, o ver a Stan Winston diciendo que lo que más le gusta cuando va al cine es ver cómo a alguien le salta la cabeza por los aires... pero CASI todo esto (la prehistoria del gore en el Grand Guignol, la influencia de la peli con Michael Myers, las fechas marcadas de rojo en el calendario como presagio de una matanza, etc) lo hemos leído antes en algún sitio a poco que hayamos sentido una pizca de pasión por el género (y algunos hemos sentido este impulso en cantidades industriales).
Por tanto, Going to Pieces es una película ideal para recién llegados, que son los que de verdad le sacarán partido al ver en ella imágenes de cintas que quizá ni les suenen, pero que para los curtidos será simplemente un agradable déjà-vu de casi hora y media.
Eso sí, lo que NADIE se debería perder es la conversación entre Siskel y Ebert (el famoso, al menos en Estados Unidos, dúo de críticos/cómicos - y la segunda definición la añado yo - ) sobre el Slasher, diciendo que los que vemos este tipo de cine sentimos desprecio por las mujeres, que proyectamos nuestro odio sobre ellas viendo cómo las destripan y tonterías de ese tipo, mientras que mujeres que han dirigido o protagonizado cintas de este tipo afirman todo lo contrario. Más que toda la sangre que pueda salir en este documental, si hay algo que hace vomitar es la conversación entre esos dos individuos. Qué pena que no haya encontrado ningún vídeo de esto colgado por ahí.

Target: Novatos aficionados al terror contemporáneo y veteranos que quieran constatar cuánto saben.
Lo mejor: El nutrido grupo de testimonios. La cantidad de buenos recuerdos que puede traer.
Lo peor: Que sabe a poco.
Valoración: 5 / 10

Betsy Palmer visiblemente humillada al saber que le van a cortar la cabeza.

'Aullidos'. Los licántropos según Joe Dante.

(The Howling. USA, 1981) Director: Joe Dante. Productores: Jack Conrad, Michael Finnell. Productores Ejecutivos: Daniel H. Blatt, Steven A. Lane. Productor Asociado: Rob Bottin. Guión: John Sayles & Terence H. Winkles, según una novela de Gary Brandner. Música: Pino Donaggio. Fotografía: John Hora. Montaje: Joe Dante, Mark Goldblatt. Reparto: Dee Wallace-Stone, Patrick MacNee, Dennis Dugan, Christopher Stone, Belinda Balaski, Slim Pickens, John Carradine, Elisabeth Brooks, Robert Picardo, Dick Miller. Duración: 91 minutos.

Escribir a estas alturas sobre un clásico moderno del que se ha hablado tanto y que, con casi toda seguridad, ya conocen muchos de los lectores potenciales de este blog, puede parecer redundante, poco original, un recurso fácil para cuando no hay nada más exótico de lo que hablar. Pero si en su momento no pude evitar hablar de la primera entrega de Viernes 13 o La Niebla después de un nuevos visionados en DVD, no voy a hacerle ahora el feo a una película que me impresionó la primera vez y que años después sigue pareciéndome uno de los ejemplos más perdurables y agradecidos del terror ochentero. De cualquier manera, teniendo en cuenta que se encuentra en los videoclubes una cinta con el mismo título (en castellano, únicamente), y que hay mucho despistado y/o profano por ahí, tampoco está de más aclararles que esta Aullidos nada tiene que ver con la de los perros rabiosos que le quieren morder el culo a la Michelle Rodríguez (¿y quién no?).
El amigo Chimo Bayo nos explica cuál es la buena y cuál la mala.

Hace tiempo discutía con un amigo sobre el valor de Joe Dante como director y creador de historias. Me decía que él lo veía un director impersonal y mediocre, sin estilo propio y sólo salvable como responsable de entretenimientos pasables. Yo le decía que Dante es alguien con un universo muy definido y con una mirada tremendamente evocadora que me convertía todo su universo fílmico en un grandioso (al mismo tiempo que modesto) homenaje a otros tiempos en los que el cine aún transpiraba una sensibilidad inocente e irresistible, en los que la ciencia-ficción era más fantasía que teorías sobre futuros distópicos, y que, yendo a lo superficial, aunque sólo fuera por la presencia de tres figuras como Kevin McCarthy, Dick Miller y Robert Picardo presentes insistentemente en sus repartos, metidos en fregados que ocurren en lugares en principio idílicos en los que - casi siempre - irrumpe algún tipo de mal que ataca en grupo, ya debería uno saber que está ante un film de Dante. Pero da igual, perdí el tiempo. Nos tendría que bastar con citar algunos de los títulos más conocidos de Dante para que cualquiera se diera cuenta de que es todo un autor: Piraña, Aullidos, Exploradores, Gremlins (1 y 2), El chip prodigioso, No matarás al vecino, Matinee o Pequeños Guerreros. Cintas que para algunos serán meros caramelos de fugaz sabor pero que para otros, como el que esto suscribe, constituyen unos pilares esenciales en su alimentación cinéfaga y son buenos ejemplos de por qué nos gusta el cine (o, como mínimo, de por qué nos empezó a gustar y decidimos profundizar en él, cada uno en la dirección que ha querido seguir).

"¿Me vas a decir que Matinee es una mierda...? Grrrrrrrrrggrrgrgrrgrrrr"

Tercer párrafo y todavía no he empezado a hablar de la película en cuestión. Vayamos al grano. Aullidos es, qué duda cabe, una de las mejores cintas de hombres lobo que podáis ver, a menudo comparada negativamente con su coetánea y excelsa Un hombre lobo americano en Londres, por aquello de estrenarse casi al mismo tiempo, y por la disputa que ambas mantuvieron en la gala de 1982 de los Oscar: la peli de Landis fue la que se quedó con el premio a los mejores efectos de maquillaje, obra de Rick Baker, quien curiosamente había comenzado a trabajar en Aullidos pero debido a problemas económicos (hubo un momento en el que pareció que la película se quedaría en la preproducción) se comprometió con John Landis, dejándole la ejecución final de los efectos que necesitaba Dante a un por entonces veinteañero Rob Bottin. Con la mano en el corazón, no sabría con cuál de las dos transformaciones quedarme, si con la lupina de Baker o con la más antropomórfica de Bottin. Ambas son auténticas maravillas y perfectos exponentes de lo mucho que se podía lograr con efectos prácticos antes de la generalización de la infografía en el cine... y es que soy de los que prefiere notar que lo que está viendo es un muñeco animado in situ que un puñado de fríos píxeles que no se pueden tocar.
Pero Aullidos es algo más que sus tremendos efectos especiales. Jugando al despiste, Dante nos introduce en una historia que podría ser la de cualquier psycho-thriller al uso (por cierto, si podéis, recuperad la película Eyes of Laura Mars, dirigida en 1978 por Irvin Kershner y guionizada por Carpenter): la periodista Karen White (Dee Wallace, musa del género que lo mismo se las veía con E.T. que con los Critters) hace de cebo para atrapar a un psicópata que responde al nombre de Eddie (Picardo con melena, algo inaudito) y tiene afición a los peep-shows. Su reunión en un sex-shop se salda con el aparente asesinato de Eddie a manos de la policía y con un trauma evidente en la reportera, quien sabe que ha visto algo extraño dentro de la cabina que su mente es incapaz de desbloquear (un elemento digno de Argento). Un psicólogo, el Dr. George Waggner (Patrick Macnee), le recomienda a White y a su novio (Christopher Stone, fallecido en 1995, pareja de Wallace también en Cujo y en la vida real) que se muden a una colonia situada en medio de la naturaleza para relajarse y superar el trance. Así transcurren los primeros minutos sin que uno sepa muy bien qué está viendo y prácticamente sin ninguna mención a la licantropía. Pero poco a poco Dante va introduciendo en la historia pequeños detalles que nos avanzan lo que sucederá después, desde el nombre de algunos personajes (tomados de directores que alguna vez hicieron películas con hombres lobo de protagonistas) a pequeños insertos de antiguos largometrajes o dibujos animados que sirven para explicar a los protagonistas (y al espectador) lo que está pasando. Algo que llega a su culminación con el personaje interpretado por Dick Miller, dueño de una tienda especializada en productos esotéricos (por decirlo así) en la que tienen cabida hasta las balas de plata. Efectivamente, la colonia no es otra cosa que una comunidad de hombres y mujeres lobo (ojito a la también tristemente desaparecida ya Elisabeth Brooks, en un fogoso papel que le lleva a protagonizar un antológico polvo salvaje con Stone) que se debaten entre alimentarse de carne humana conseguida de manera furtiva o seguir criando ganado para su supervivencia.
Los hombres lobo de Dante no son entonces seres huidizos que sufren psicológicamente por su condición de rarezas, de híbridos, sino más bien una microsociedad consciente de su superioridad y que tienen, para colmo, la capacidad para regenerarse y para transmutar a su antojo: se acabó lo de esperar a la luna llena para poder sacar las zarpas, aquí tenemos transformaciones voluntarias a plena luz del día. Por otro lado, y este es un detalle que destacan en el estupendo documental que acompaña a la película en su edición especial en DVD, los protagonistas han visto otras historias de hombres lobo y saben a qué se enfrentan, por mucho que algunos de los tópicos presentados en aquellas queden obsoletos. Así, se da en el espectador un motivo para conectar rápidamente con los personajes de la cinta ya que ambos se encuentran en el mismo universo. No tenemos aquí entonces esa, en ocasiones, molesta sensación de que lo que ocurre en pantalla está situado en una realidad paralela en la que los protagonistas parece que no hayan visto jamás una película de terror, donde actúan como si fuera la primera vez que les hablan del tema ("¿Un hombre lobo? ¿Qué es un hombre lobo?") y tienen que perder el tiempo en averiguar cómo enfrentarse a ello. En Aullidos, los personajes saben perfectamente qué son los licántropos, qué leyendas circulan alrededor de ellos y cómo presentarles resistencia. Todo esto, en teoría, tendría que que contribuir a que el argumento fluyera a pasos agigantados, pero si hay un defecto reseñable en esta cinta es que tarda demasiado en entrar en materia y eso puede descolocar al espectador no prevenido. Pero, dejando esto a un lado, Aullidos es una agradable pequeña película imprescindible para los amantes del terror, con cameos de John Sayles o Roger Corman, atmosférica música de Pino Donaggio acorde con la onírica fotografía de John Hora (habitual de Dante y responsable de las también nebulosas imágenes de esa Moonwalker que tendría que comentar de una vez) y un final en el que se mezclan stop-motion, planos de fuego al estilo Corman y un chiste final que corona unos títulos de crédito bastante peculiares. En cuanto a las secuelas... supongo que algún día tendré que ver alguna de ellas. Hay donde elegir.
Target: Cualquiera al que le guste el cine de miedo.
Lo mejor: La atmósfera de pesadilla constante. Los efectos especiales.
Lo peor: Tarda en arrancar.
Valoración: 8'5 / 10

Dante habla de este cartel en el DVD. Obviamente no le gusta.

CARNE MUERTA. Vacas.Locas.Zombis.Irlandesas.

(Dead Meat. Irlanda, 2004) Director: Conor McMahon. Productores: Michael Griffin, Edward King. Productor Ejecutivo: Brendan McCarthy. Guión: Conor McMahon. Música: John Gillooley. Fotografía: Sonja Rom. Montaje: Conor McMahon. Reparto: Marián Araújo, David Mullyaert, Eoin Whelan, David Ryan, Amy Redmond. Duración: 78 minutos.


A estas alturas, ¿cómo aportar algo de escasa originalidad a un subgénero tan trillado como el de las invasiones zombigráficas? Carne Muerta, cinta filmada en formato digital y con el presupuesto que gastarían en Pearl Harbor para pagar los servicios del peluquero particular de Ben Affleck (aunque lo mismo me estoy pasando, porque no me extrañaría que estos costes fueran más altos...), se esfuerza por añadir algo de peculiaridad mediante un recurso que es, reconozcámoslo, su auténtico hecho distintivo y el motivo por el que se ha ganado las simpatías del fandom más desprejuiciado: el ataque de una vacalocazombi a un todoterreno que viene a ser, como bien apreció mi partner-in-crime Jesús Mesas en su difunto Club de los Maníacos Deprimentes, un remedo campestre y casposo del embiste del T-Rex al coche de Sam Neil y compañía en el primer Jurassic Park. No es ya por la escena en sí, rodada con nocturnidad y falta de recursos, seguramente con algún amiguete del director sosteniendo el busto de una vaca de escayola y chocándola contra la ventanilla del vehículo, sino por el concepto en sí mismo: una plaga zombi desencadenada por un ganadero que malcuidaba a sus reses y difunde con sus carnes una infección imparable y pútrida. El que una de esas vacas se convierta en un furioso depredador es sólo la punta de un iceberg que imaginamos lleno de rumiantes frenéticas lanzándose hambrientas contra cientos de irlandeses que no saben dónde esconderse.
Los protas de la peli. Gente guapa, elegante, con estilo.

Pero ya está. El resto sólo puede defenderse en casos de fanatismo splapstick y caspa extrema (lo cual no juzgo negativamente, ojo) o en momentos de bajón en los que las reservas goremaníacas andan en niveles paupérrimos y acogen con alegría cualquier peliculita profusa en decapitaciones a base de palazos y evisceraciones gráficas. Durante esos instantes, ver cómo el ojo de uno de los zombies es absorbido por una aspiradora es toda una celebración (más si compartes el visionado con más enfermos zombífagos) proclive a ser jaleada por aplausos y carcajadas de aprobación cómplice. Pero también están otros momentos en los que hasta un servidor (aunque parezca mentira) se cansa de tanto cutrerío y la sensación de tedio se apodera de él mientras mira agónicamente la pantalla y piensa "esto ya lo he visto antes... y mejor hecho". Que sí, que tenéis razón, que todo está inventado ya... Pero apuesto mi colección de fotos eróticas de Shu Qi a que preferiría ver de nuevo (y van...) la básica Mal Gusto de Peter Jackson (a quien cada vez admiro un poquito menos a medida que va siendo fagocitado por Hollywood) antes que invertir otra hora y cuarto presenciando los planos desgarbados, improvisados, frenéticos y feístas de esta cinta irlandesa.

Lesley Gore cantando: "It's my party and I cry if I want to... cry if I want to... cryyyy if I want toooo... You would cry too, if it happened to youuuu."

Ya sabemos todos que la medida en la que defiendes una película mala es proporcional al grado de simpatía que te ha provocado. Pues bien, no es difícil de imaginar que Carne Muerta no ha sido el largometraje con el que mejor migas he hecho últimamente. Además, más que a Mal Gusto (en la que, a pesar de la falta de medios, había momentos de un poderío visual impactante), me llevó a uno de los momentos más soporíferos que he tenido que soportar en mi vida de rastreador de basura cinematográfica: la madrugada que puse el despertador para que sonara en mitad de la noche y pudiera ver Redneck Zombies en las, por entonces, sorpresivas noches de cine de Antena 3. Tanto asco me fue algo difícil de soportar y tuve que terminar de verla al día siguiente, una vez ya grabada en vídeo. Y no es que me diera asco sólo por su contenido gore (que lo tenía, y en cantidades ingentes), no... era más bien su apariencia de vídeo casero, sus actores cazurros y sus efectos de baratillo lo que me revolvía el estómago. Algo similar a lo que me ha ocurrido con Carne Muerta, con ese reparto de gañanes (la prota es española, por cierto) y esa apariencia desastrosa, si bien mi repulsión hacia ella es ciertamente menor a la que siento por aquella basura ochentera de Pericles Lewnes (y espero que con esto os quede claro una cosa: sí, me gusta la serie b, incluso la serie z, pero eso no quiere decir que vaya a defender cualquier mierda por las buenas). Si el ya citado Mesas está leyendo esto es probable que esté pensando que me he vuelto loco (o que he recuperado la cordura, dicho de otro modo), que me he acomodado o que he perdido el gusto por el infracine. Para nada. Que nadie se alarme. Me gusta que alguien se haya tomado la molestia de concretar el esfuerzo de reunir a un montón de gente y ponerse a filmar una peli de zombis con un buen ritmo y bastante acción. Lo respeto. Hasta me entran ganas de coger la mini-dv de mi hermano y salir al campo con unos amigos y unos cuantos botes de sirope de fresa para hacer un corto en plan destroyer. Eso es lo que piensa el cineasta soñador que llevo dentro. Pero la parte crítica de mi cerebro me dice que lo más que puedo aprender de películas como Carne Muerta es que hay cosas que jamás debería hacer si algún día reúno una cantidad de dinero suficiente como para hacer un producto audiovisual medio decente (pero lleno de indecencia, seguramente). Así que por un lado me ha resultado útil, pero por otro, como espectador, no es una experiencia que recomendaría con entusiasmo... Y eso que esperaba encontrarme un caramelito como la tronchante y a ratos sorprendente Undead. Pero nada más lejos... Como bien dice mi amigo el Maestro Panzetero, "cuando uno coge una cámara llega el momento en el que se cree Sam Raimi". Pero, me vais a permitir el perogrullo, no es fácil ser Sam Raimi, amigos...
Target: Goremaníacos desesperados y ganaderos con malas intenciones.
Lo mejor: El punto de partida. La falta de complejos. La aspiradora y el ojo.
Lo peor: Es una película fea en todos los sentidos. El reparto (salvo el héroe) resulta insoportable. El resultado no deja de ser del montón.
Valoración: 3'5 / 10

EQUIPO DE ATAQUE. Seagal contra los mutantes (1)

(Attack Force. Rumanía/UK/USA, 2006) Director: Michael Keusch. Productores: Steven Seagal, Pierre Spengler. Productores Ejecutivos: Phillip B. Goldfine, Bruno Hoefler, Barbara Mudge. Guión: Steven Seagal & Joe Halpin. Música: Barry Taylor. Fotografía: Sonja Rom. Montaje: Jonathan Brayley. Reparto: Steven Seagal, Lisa Lovbrand, David Kennedy, Matthew Chambers, Andrew Bicknell, Adam Croasdell, Mark Dymond, Del Synnott, Cheryl Ko, Evelyne Armela O'Bami. Duración: 90 minutos.


En un día en el que todos estamos hablando de los Oscar, os traigo una reseña del último estreno entre nosotros de alguien que ya no entra ni en los Razzies: Steven Seagal. Pero a él no parece importarle nada y sigue a su rollo, rodando tropecientas películas al año y demostrando una falta de esfuerzo alarmante que está causando una baja de fans a un ritmo que no es demasiado alto porque seguidores, no fanáticos, sino gente que simplemente espera sus nuevas cintas, ya tenía los justitos desde hace bastante tiempo y por tanto apenas se nota. Y digo que no se debe notar mucho esta falta de interés hacia Seagal porque sigue trabajando sin parar, haciendo películas cada vez más pobres para las que ya ni se molesta en posar de cara a la futurible carátula del dvd (mirad esta si no, todo un copypaste con la cara de Seagal en la portada de Shadow Man y el cuerpo de vetetuasaberquién). Lo curioso del fenómeno es que este hombre, mientras más se hunde en la mierda, más interés me provoca, quizá porque me cause morbo ver hasta dónde puede llegar en cutrería y dejadez o porque siempre me ha gustado respetar a los clásicos, a MIS clásicos, y soy incapaz de negarle el pan a este señor a pesar de que no haga más que llevarme chascos una y otra vez con sus descafeinadas producciones.
Y eso que esta vez parecía que la cosa iba a ser diferente...
Supongo ya estaréis al tanto de lo que ha sucedido con esta cinta (ya lo comentó mi hermanastro Mike_Donovan en su Terrario), pero por si no es así os hago un resumen muy resumido: Seagal quiere hacer una peli en la que luche contra extraterrestres. Escribe el guión junto a su coleguilla Joe Halpin y llama a otro amiguete, Michael Keusch, para dirigir el invento. Se gastan unos 10 millones de dólares en el rodaje, la Sony ve la película y se lleva las manos a la cabeza (); coge un dinerito extra y vuelve a rodar unas cuantas escenas, dobla otras pocas e intenta eliminar todo rastro de invasión alienígena del argumento. Seagal se cabrea y se marcha de la Sony (con lo cual, su proyecto de dirigir Prince of Pistols parece haberse quedado estancado). La peli nos llega a los videoclubs, la veo y me doy cuenta de que, afortunadamente y en contra de lo que creía, los elementos fantaterroríficos de la trama no han desaparecido del todo, solo que han cambiado la temática extraterrestre por otra más terrenal: los enemigos son individuos cuya fuerza e instinto criminal es potenciado al extremo mediante el uso de una droga que fue creada como un experimento del ejército (o algo así, porque la verdad es que este detalle no lo recuerdo ya muy bien, y eso que hace apenas dos días que vi la película...). Así que todo el cambio que ha hecho la Sony me parece absurdo, ya que de cualquier modo lo que estamos viendo es un enfrentamiento entre Seagal y una especie de mutantes, de superhumanos. Es decir, que a pesar de cambiar el argumento estamos viendo las mismas escenas de lucha que seguramente ya estaban en la versión primigenia, en las que los enemigos bien podrían ser aliens disfrazados con cuerpos humanos, y de ahí que tengamos un rasgo que los identifica de pura sci-fi conspiranoica: un parpadeo de ojos muy particular que no tiene nada de humano, por mucho que estos fueran de droga hasta las cejas. Nos quedaremos sin saber si al final había alguna transformación o algo así, si veríamos a los extraterrestres en su forma original o si por el contrario andaban tan escasos de presupuesto que lo que vemos es todo lo que había. Pero vamos, que si buscáis una peli de Seagal algo diferente a lo que nos tiene acostumbrados, Equipo de Ataque os dará justo eso, ya que es uno de sus contados escarceos con estilemas más propios del cine de terror (Señalado por la muerte) o el thriller de psicópatas (Glimmer Man) que el de la pura acción. Además, ¿en qué otra cinta de Stevie le podemos ver peleando con unas cuchillas en las manos de un material más resistente que el adamantium de Wolverine? (y vale que parece que no están afiladas, pero en manos de Seagal hasta un sacapuntas es un arma letal).
Obviando el hecho de que en la posproducción han hecho lo que han querido con la cinta (hasta doblar los diálogos de varios personajes, incluyendo a Seagal, cosa de la que no os enteraréis si la veis doblada...), todo el rollo este de los supervillanos, las cuchillas y las hostias suena muy bien, ¿verdad? Pues que nadie os engañe: a pesar de estos detalles que se agradecen de manera notable dentro de una filmografía tan monótona como es la de Seagal, Equipo de Ataque es un tostón. Aunque la ambientación y ciertos elementos argumentales están ligeramente más conseguidos que de costumbre, las escenas de acción (pocas) son bastante mediocres y en ellas Seagal no hace el más mínimo esfuerzo por innovar o siquiera convencer. De nuevo, se limita a hacer movimientos en forma de manotazos y alguna patadita más propios de Chiquito de la Calzada que de un campeón de Aikido de su categoría (venga, va, hay alguna luxación, pero...). Si bien como artista marcial, debido a su estilo, Seagal nunca ha sido demasiado espectacular, ha llegado a un punto en el que ni él ni su director se molestan en crearle un enfrentamiento mínimamente coreografiado o tenso, no se sabe si por falta de ganas, de dinero, de talento o porque el bueno de Steven ya no está para muchos trotes. Quizá es una mezcla de todo y el más torpe de todos soy yo por seguir esperando algo bueno de este tipo de productos.
Para finalizar este post, ¿os preguntáis por qué hay un 1 entre paréntesis después del título de este post? Aquí tenéis el argumento - sacado de ZonaDVD - del próximo videoestreno de Seagal en nuestro país, Submerged: "Cuando accidentalmente un submarino nuclear naufraga, la carga secreta que transportaba, un agente bioquímico, queda liberado. Los afectados sufren una violenta mutación y los supervivientes deben luchar contra ellos. Por otro lado, la nave es buscada por el resto de la flota americana para destruirlo." He leído por ahí que esta también es una mierda, pero irremediablemente tengo ganas de verla... A ver cuánto me dura la buena voluntad.

Target: Los devotos que todavía creen en la posible resurrección de San Steven Seagal, patrón de los huesos rotos.
Lo mejor: Contemplar cómo Seagal puede seguir siendo un conquistador. Los ataques de la viciosa Reina (Evelyne Armela O'Bami).
Lo peor: Que con un poco más de ganas y talento este argumento podría haber sido un pelotazo para Seagal... y no lo ha sido.
Valoración: 3'5 / 10

Iron Angels 2

(Iron Angels 2 / Tian shi xing dong II zhi huo feng jiao long. Hong Kong, 1988) Directora: Teresa Woo. Director de acción: Stanley Tong. Productores: William Yuen, Johnny Lee. Productora Ejecutiva: Teresa Woo. Guión: Teresa Woo, según una historia de William Hsu. Música: Tang Siu Lam. Fotografía: Wong Man Wan. Montaje: Marco Mak. Reparto: Alex Fong, Moon Lee, Elaine Lui, Nathan Chan, Karina Andrews, Gary Siu, Jacinta Lee. Duración: 83 minutos.
En ocasiones, cuando uno está hastiado de ver películas que sólo le dejan a medias y de las que podría haber prescindido de no ser por esa inquebrantable y persistente voluntad de tragarse TODO lo que se encuentre a su paso, necesita apostar sobre seguro y tirar de cintas que sabe que lo tendrían muy difícil para decepcionarle y que raramente le dejarán la sensación de haber perdido el tiempo, de malgastar 90 minutos de su vida en algo que a lo único que va a contribuir es a engordar su lista de películas visionadas. En esos momentos de querer reconciliarse con las ganas de ver cine (tras dos pelis de las de ni fú ni fá como son Ánimas - de la que igual hablo pronto aquí - y Cry Wolf - de la que tendréis su correspondiente reseña en Tierra de Cinéfagos de aquí a unos días), un servidor compra billete de primera clase para viajar a Hong Kong con el mando del vídeo y se planta en el meollo de la acción más trepidante y enriquecedora, la acción que Iron Angels 2 ofrece con alegría y conocimiento de causa.
Perteneciente de lleno al subgénero de las femme fatales según Hong Kong (del que ya comenté un título, Naked Weapon, y que poco tiene que ver con el significado de este término en la literatura y cine occidental) y secuela de una de las cintas que ayudaron a generar el fenómeno, Iron Angels 2 es una descarga de adrenalina total que, si bien a mitad de metraje pega un bajón fácilmente apreciable, tiene unos veinticinco minutos finales capaces de mantenerme en estado de euforia durante varios días seguidos. Con parte del reparto de la anterior (las deliciosas Moon Lee y Elaine Lui - a la que vimos en La novia del cabello blanco - y el activo Alex Fong), ahora vemos que los personajes se toman unas vacaciones después de una arriesgada misión y el presupuesto no les da para más que para ir a Kuala Lumpur. Esto sería un aburrimiento si no fuera porque allí los tres personajes principales, Alex, Elaine y Mona (llamados igual que los actores que los interpretan, ya que en la copia que tengo Moon Lee aparece acreditada como Mona Lee) se encuentran con un viejo amigo de Alex. Se trata de Peter (Nathan Chan), un vividor que aparentemente ha hecho una fortuna creando un micropaís independiente en una isla de su propiedad dedicada a la explotación de todos los productos posibles que pueda sacar al enorme palmeral que posee. El tipo va de superior por la vida y encandila a Elaine, a quien le dolerá descubrir la verdad: Peter es un anarquista dispuesto a llevar a cabo una revolución que acabe con la influencia extranjera y, de paso, si las cosas salen bien, derrocar a otros gobiernos más lejanos para expandir su propuesta anticapitalista por el resto del planeta (si es que de ilusos está el mundo lleno...). Pero Elaine no sufrirá tanto esta revelación como Alex o Marco (Gary Siu), un agente secreto que investigaba a Peter y que formaba un trío de amigos junto a éste y al protagonista. De este modo, lo que comenzaba como una aventurilla ligera por parajes exóticos se acaba transformando en una ruidosa y salvaje experiencia con artes marciales, explosiones, tiroteos y guerrilleros cayendo como moscas en la jungla. Al trío protagonista se une a mitad de metraje otra battling babe, Kharina (Kharina Sa, que al parecer sólo hizo esta película y su continuación) y un par de malayos con cuchillos que saltan del helicóptero directamente a la copa de los árboles sin ningún tipo de seguridad. Según dicen en la peli, están acostumbrados a hacerlo a su modo (se ve que están todos los días tirándose de helicópteros...). Así que no nos alejamos nada del esquema tradicional de cine de acción de Hong Kong que tanto amo: un prólogo explosivo que poco o nada tiene que ver con el argumento (pero que viene a marcar el tono estilístico que tendrá el resto del relato), una serie de peripecias que no llevan a ninguna parte y que hacen avanzar el guión a trompicones, hasta que por fin aparece un objetivo claro a superar por los protagonistas, y una media hora final de infarto en la que el plomo y el fuego toman el mando para dejarse eclipsar únicamente por los stunts más locos que puedas imaginar (que no es que haya demasiados aquí, pero los que se pueden ver son más que eficientes).
Igual alguno se hace esta pregunta: ¿qué diferencia a este tipo de cine de cualquier película de bajo presupuesto norteamericana ambientada en algún sitio como Camboya? Pues que cuando se acaban las balas y la dinamita empieza el verdadero plato fuerte: una serie de combates en los que, en este caso, Moon Lee y Alex Fong se llevan la palma (y no luchando entre ellos precisamente). Ahí tenéis a Moon Lee partiéndose la cara contra un guerrillero después de saltar de una torreta que acaba de explotar, atravesar un techo de paja y caer sobre unas cajas llenas de armamento. O a Fong enzarzado en una cruda lucha pasada por agua y sangre contra su antiguo amigo del alma al que ahora desea la muerte, en un combate donde la técnica marcial se transforma en marrulleo, en puro instinto de supervivencia. En fin. Cualquier cosa que escriba no le hará justicia a estas escenas y, tristemente, no he encontrado vídeos que os sirvan de ilustración. Así que conformaos con estos bits visuales que os dejo para finalizar esta reseña que espero que haya servido para dos cosas: como invitación a los que no conocen este subgénero de las deadly china dolls armadas con material pesado para adentrarse en él, y como recordatorio y revulsivo para los que ya saben de qué hablo. Si no es así, igual he perdido el tiempo, pero me habré dado el lujazo de hablaros sobre esta peli.

Target: Cualquier fanático del cine de acción con miras amplias que vayan más allá de las superproducciones de Hollywood.
Lo mejor: Diversión pura, espectacularidad y bellas protagonistas empaquetado en 83 minutitos que se pasan volando.
Lo peor: La banda sonora es pobre, pobre.
Valoración: 7'5 / 10

Moon Lee por el consumo de cítricos. Naranjito nunca fue tan feliz.